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Quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy….es sólo el principio

Purgatorio

[del latín purgatorium, formado de purgare: purgar, cuya raíz purus: puro, se deriva del griego pyr, pyros: fuego, antiguo emblema de la purificación]. Según la Iglesia Católica, lugar de expiación temporaria para las almas que tienen aún que purificarse de algunas manchas. De modo alguno la Iglesia ha definido de manera precisa el lugar donde se encuentra el Purgatorio; lo ubica en todas partes, en el espacio y quizás a nuestro lado. Tampoco explica con claridad la naturaleza de las penas que en él se padecen; son sufrimientos más morales que físicos. Entretanto, dice que allí hay fuego, pero la más alta Teología reconoce que esa palabra debe tomarse en sentido figurado y como emblema de la purificación. La enseñanza de los Espíritus es mucho más explícita al respecto; es verdad que ellos rechazan el dogma de la eternidad de las penas (véanse Infierno [Enfer], Penas eternas [Peines éternelles]), pero admiten una expiación temporaria, más o menos prolongada, que –salvo el nombre– no es otra cosa sino el purgatorio. Esta expiación se cumple por medio de sufrimientos morales del alma en el estado errante; los Espíritus errantes están por todas partes: en el espacio, a nuestro lado, así como lo dice la Iglesia. La Iglesia admite en el Purgatorio ciertas penas físicas; la Doctrina Espírita dice que el Espíritu se depura, se purga de sus impurezas en sus existencias corporales. Los sufrimientos y las tribulaciones de la vida son las expiaciones y las pruebas por las cuales se eleva; de esto resulta que aquí en la Tierra estamos en pleno purgatorio. Lo que la Doctrina Católica deja en la vaguedad, los Espíritus lo definen con precisión, haciendo conque lo toquemos con el dedo y lo observemos con los ojos. Los Espíritus que sufren pueden, pues, decir que están en el purgatorio, para servirse de nuestro lenguaje. Si, en razón de su inferioridad moral, no les es dado ver el término de sus sufrimientos, ellos dirán que están en el Infierno (véase Infierno [Enfer]). La Iglesia admite la eficacia de las oraciones para las almas del Purgatorio; los Espíritus nos dicen que por medio de la plegaria se atrae a los Espíritus buenos, quienes dan a los débiles la fuerza moral que les hace falta para soportar sus pruebas. Por lo tanto, los Espíritus que sufren pueden pedir a través de la oración, sin que haya en esto contradicción con la Doctrina Espírita. Ahora bien, de acuerdo con lo que sabemos de los diferentes grados de los Espíritus, comprendemos que pueden proferirlas según la forma que les era familiar cuando encarnados (véase Plegaria [Prière]). La Iglesia sólo admite una única existencia corporal, después de la cual el destino del hombre está irrevocablemente fijado para la eternidad. Los Espíritus nos dicen que una sola existencia, cuya duración –frecuentemente abreviada por accidentes– no es sino un punto en la eternidad, no es suficiente para que el alma se purifique completamente, y que Dios, en su justicia, de manera alguna condena sin remisión a aquel de quien a menudo no ha dependido instruirse convenientemente sobre el bien para ponerlo en práctica. La Doctrina de los Espíritus deja al alma la facultad de cumplir en una serie de existencias aquello que no ha podido realizar en una sola: he aquí la principal diferencia. Pero si examinamos con cuidado todos los principios dogmáticos y si separamos siempre lo que debe ser tomado en sentido figurado, no cabe duda de que desaparecerían muchas contradicciones aparentes.

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