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Quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy….es sólo el principio

Volví

Volví dictado por el Espíritu Hermano Jacobo al médium Chico Xavier

Volví

¿Hay vida después de la muerte?
Si la vida continúa, ¿hacia dónde va el Espíritu?
¿Será más fácil para el espírita enfrentar esa situación después de la muerte?
Conoce estas y otras respuestas en esta obra.
El autor espiritual nos aclara asuntos como: el desprendimiento del cuerpo físico, el retorno al mundo espiritual, el encuentro con amigos, la dificultad del intercambio mediúmnico, la adaptación a la nueva vida.

El Hermano Jacobo nos alerta de la necesidad de mejorarnos, objetivando nuestro feliz retorno al mundo espiritual.

Mientras nos hallamos en el cuerpo material, no nos hacemos idea exacta de lo que es, en realidad, la vida más allá de la muerte. Ni aún con lo que el Espiritismo nos ayuda a pensar seriamente en ello, podremos calcular relativamente el futuro después del sepulcro,

Los cuadros sublimes o terribles en el plano externo, corresponden, de algún modo, a nuestra expectativa pero los fenómenos morales dentro de nosotros mismos, son siempre fuertes e inesperados.

Antes del tránsito, todo me parecía infinitamente simple.

La muerte, creía, vendría a ser una mera liberación del Espíritu, y nada más. Nuestra alma se dirigiría a esferas en las que sería juzgada, de donde volvería a reencarnar, en caso de no ser transferida a los Mundos Felices.

Comprendo hoy que aceptar esta fórmula sería lo mismo que menoscabar la existencia humana, declarando que el hombre apenas renacerá en la Tierra, respirará entre las criaturas, y, seguidamente, se libertará del cuerpo de densa condensación fluídica. ¡Cuántos conflictos, no obstante, entre la llegada y la disgregación del vehículo carnal! ¡Cuántas lecciones entre la infancia y el declinar de las fuerzas físicas!

Reconozco ahora, que las dificultades no son menores para el alma liberada, de lo que son los pesados fardos del plano material. Entre el acto de perder el cuerpo físico y la iniciación de la reencarnación o de la elevación, tenemos el tiempo, y el contenido de ese tiempo reside en nosotros mismos. ¡Cuántos óbices a vencer! ¡Cuántos enigmas a solucionar!

Creí que el fin de las limitaciones corporales trajese inalterable paz al corazón, ¡pero no es así!

¡Oh, mis amigos del Espiritismo que tanto amo!

Es para vosotros — miembros de la gran familia que tanto deseo servir — que dicté estas páginas, sin la presunción de convencer. ¡No se crean a tono con la Ley, por haber atendido a pequeños deberes de solidaridad humana; ni se supongan preparados para alcanzar el paraíso, por haber recibido la manifiesta protección de un ser- espiritual! ¡Ayúdense a sí mismos en el desempeño de las obligaciones evangélicas! Espiritismo no es solamente la gracia recibida; es también la necesidad de espiritualizarnos para alcanzar las esferas superiores. Les hablo hoy con experiencia más amplia.

Después de pasados muchos años en las lides de la Doctrina, estoy ahora comenzando el aprendizaje, para no ser el compañero inadecuado o el servidor inútil. Tengan la certeza de que el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo no es solamente el conjunto brillante de enseñanzas sublimes, propias para ser comentadas en nuestras adoctrinaciones; es Código de Sabiduría Celestial, cuyos dispositivos no podemos confundir.

Hermano Jacobo

Pedro Leopoldo, 19 de Febrero de 1948

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