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Cura Moral de los Encarnados

Cura Moral de los Encarnados

Análisis de un texto de la Revista Espírita: Cura moral de los encarnados

Con mucha frecuencia se nos pregunta por qué un Espíritu, cuando asiste a una reunión mediúmnica, aunque sea considerado “malo”, acoge con más facilidad los consejos para moralizarse que cuando estaba encarnado. ¿Por qué es más difícil la cura moral de los encarnados?

Lejos de la idea de cerrar la cuestión en un tema tan complejo y que trae tantas variables, teniendo en cuenta que cada caso y situación de más allá de la tumba es único. Por lo tanto, traigo, aquí, una reflexión producida tras lectura del texto “Cura moral de los encarnados” y que está publicado en la Revista Espírita, julio de 1865.

Según el texto, un muchacho, ciego desde hace más de una década, había merecido la atención de un espírita que, por medio del magnetismo, tenía el propósito de curarlo. Era el caso que el muchacho era ingrato y daba pruebas de ser un Espíritu sin buenas condiciones morales.

San Luis inicia los comentarios e informa que para que los buenos fluidos puedan penetrar es necesario que el individuo, víctima de la enfermedad, trabaje para que los malos fluidos que lo envuelvan sean disipados.

La comprensión de esto es que los buenos fluidos no penetran en un ambiente saturado por los malos fluidos. Son fluidos antagonistas y se repelen. La acción magnética, según San Luis, será inocua mientras no haya la voluntad del encarnado en eliminar los malos fluidos. Se puede usar, por analogía, el ejemplo de un vaso que, conteniendo agua sucia, no podrá recibir el contenido de un agua potable. Por lo tanto, es necesario primero eliminar el agua sucia del recipiente para depositar la sustancia transparente.

San Luis aborda la necesidad de la curación moral antes de la curación física. Es necesario que el Espíritu modifique su disposición íntima para que su magnetizador pueda actuar con más eficacia.

Las filas se aglomeran en los centros espíritas para recibir el llamado “pase”, pero los beneficios de éste, actuando dentro de las leyes de la naturaleza, no podrán adentrar corazones repletos de malos sentimientos. No porque los Espíritus desean que así sea, pero si porque esto es una ley.

En el caso en cuestión, San Luis descarta que el encarnado esté en proceso obsesivo, informando que, en realidad, es la naturaleza dura, de corazón petrificado que dificulta su situación y lo pone en contacto con malos Espíritus. Tan pronto moralice sus acciones los malos Espíritus se alejarán. Hecho interesante, pues no hay, en este caso, una persecución contumaz promovida por los malos Espíritus, sino sólo una asociación por la afinidad de ideas y sentimientos.

Esta narración de San Luis es realmente importante porque coloca con propiedad la responsabilidad en el individuo, situándolo no como víctima de los malos Espíritus, sino como agente principal de su infelicidad.

Además, San Luis aborda la cuestión que involucra la influencia que el ambiente ejerce sobre el Espíritu. Este punto nos deja una reflexión: siendo la Tierra un mundo de pruebas y expiaciones, morada de Espíritus aún poco moralizados, es un hecho que el ambiente y las compañías que circundan al encarnado pesarán y mucho en su toma de decisiones.

Esta es la razón por la cual se debe primar hacia la construcción de ambientes armoniosos a fin de que Espíritus más endurecidos puedan encontrar horizontes más prometedores para desarrollarse moralmente. Prosigue San Luis en los comentarios y pide la unión de personas alrededor de este muchacho. El objetivo es noble: oraciones, emanación de buenos sentimientos con el propósito de construir sobre él buenos fluidos para que se disipen los malos fluidos en que se halla sumido. En esta explicación de San Luis se percibe cómo los pensamientos pueden crear un clima propicio para la mejora moral de alguien.

Oraciones, reunión de personas que arrojan sus sentimientos de amor hacia el prójimo es una poderosa herramienta de ayuda en la ampliación de la conciencia de los individuos.

El Espíritu Erasto también participa en la reunión. El núcleo de la cuestión es saber la razón por la cual los consejos son acogidos con más facilidad por los Espíritus desencarnados que por los encarnados.

La explicación de Erasto también es muy clara: los desencarnados están sin los embarazos que la materia impone. Estar en la carne, por lo tanto, requiere una acción aún más tenaz de la voluntad para vencer las limitaciones.

En la erraticidad el Espíritu es entonces más susceptible a los consejos y sugerencias disponibles por quien quiere su bien. Además de que, según Erasto, interactuar entre sí es fundamental en esta relación entre los dos mundos, visible e invisible.

Entre otras sobresalen y destacan tres lecciones en este texto de la Revista Espírita:

  1. No siempre es posible una acción eficaz del magnetizador para la curación de los males físicos porque, para que el mal físico sea sanado, es preciso, primero, tratar el mal moral.
  2. No todo problema, sea físico o moral de un encarnado es oriundo de un proceso obsesivo, como, no raramente, se suele decir a diestro y siniestro.
  3. La vida en la materia pone más obstáculos a la moralización del Espíritu, lo que exige de éste la ampliación de la voluntad para vencer sus propias limitaciones y progresar hacia Dios.

Wellington Balbo © Curso Espírita

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