La Justicia Divina es soberanamente justa y misericordiosa. No impone castigos arbitrarios ni eternos. Permite que cada Espíritu sea el artífice de su propio destino, sufriendo las consecuencias de sus faltas y gozando de los frutos de sus virtudes. Su objetivo final es siempre la rehabilitación y el progreso de la criatura.
Sinónimos:
Ley de Causa y Efecto






