Libro Primero – Capítulo I: Dios | El Libro de los Espíritus – Allan Kardec

Capítulo I: Dios

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  1. Dios y lo infinito. 2. Pruebas de la existencia de Dios.
  2. Atributos de la Divinidad. 4. Panteísmo.

Dios y lo infinito

1. ¿Qué es Dios?

«Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas[1]».

2. ¿Qué debe entenderse por lo infinito?

«Lo que no tiene principio ni fin: lo desconocido. Todo lo desconocido es infinito».

3. ¿Podría decirse que Dios es lo infinito?

«Definición incompleta. Pobreza del lenguaje de los hombres, que no basta para definir las cosas superiores a su inteligencia».

Dios es infinito en sus perfecciones, pero lo infinito es una abstracción. Decir que Dios es lo infinito equivale a tomar el atributo por la misma cosa y definir una cosa que no es conocida por otra que tampoco lo es.

Pruebas de la existencia de Dios

4. ¿Dónde puede encontrarse la prueba de la existencia de Dios?

«En un axioma que aplicáis a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre, y vuestra razón os contestará».

Para creer en Dios, basta pasear la vista por las obras de la creación. El universo existe, luego tiene una causa. Dudar de la existencia de Dios equivaldría a negar que todo efecto procede de una causa y sentar que la nada ha podido hacer algo.

5. ¿Qué consecuencia puede sacarse del sentimiento intuitivo de la existencia de Dios que tienen todos los hombres?

«Que Dios existe, porque ¿de dónde provendría ese sentimiento si no estuviese basado en algo? También esto es una consecuencia del principio de que no hay efecto sin causa».

6. El sentimiento íntimo que tenemos de la existencia de Dios ¿no sería resultado de la educación y producto de ideas adquiridas?

«Si fuese así, ¿cómo tendrían el mismo sentimiento los salvajes?»

Si solo fuese producto de la educación, el sentimiento de la existencia de un ser supremo no sería universal y, como las nociones de la ciencia, existiría únicamente en los que hubiesen recibido semejante instrucción.

7. ¿Puede encontrarse la causa primera de la formación de las cosas en las propiedades íntimas de la materia?

«Pero ¿cuál sería entonces la causa de esas propiedades? Siempre es precisa una causa primera».

Atribuir la formación primera de las cosas a las propiedades íntimas de la materia equivaldría a tomar el efecto por la causa, pues esas mismas propiedades son un efecto que debe provenir de una causa.

8. ¿Qué pensar de la opinión que atribuye la formación primera a una combinación fortuita de la materia, esto es, al azar?

«¡Otro absurdo! ¿Qué hombre de sano juicio puede considerar el azar como un ser inteligente? Y además, ¿qué es el azar? Nada».

La armonía que regula las energías del universo revela combinaciones y miras determinadas y, por lo mismo, un poder inteligente. Atribuir la formación primera al azar es un contrasentido, porque el azar es ciego y no puede producir los efectos de la inteligencia. Un azar inteligente no sería ya el azar.

9. ¿En qué se conoce que la causa primera es una inteligencia suprema y superior a las demás inteligencias?

«Tenéis un refrán que dice: “Por la obra se conoce al artífice”. Pues bien, examinad la obra y buscad el artífice. El orgullo es el que engendra la incredulidad. El hombre orgulloso no admite nada superior a sí mismo, y por esto se llama a sí mismo incrédulo.[2] ¡Pobre ser, a quien pudiera anonadar un soplo de Dios!»

Se juzga la potencia de una inteligencia por sus obras, y no pudiendo ningún ser humano crear lo que la naturaleza produce, la causa primera ha de ser una inteligencia superior a la humana.

Cualesquiera que sean los prodigios hechos por la inteligencia humana, tiene una causa esta misma inteligencia, y cuanto más grande sea lo que ella haga, tanto mayor ha de ser su causa primera. Esta inteligencia es la causa primera de todas las cosas, cualquiera que sea el nombre con que la haya designado el hombre.

Atributos de la divinidad

10. ¿Puede el hombre comprender la naturaleza íntima de Dios?

«No. Este es un sentido que le falta».

11. ¿Será dado al hombre algún día comprender el misterio de la Divinidad?

«Cuando su Espíritu no esté ya ofuscado por la materia y cuando, por medio de la perfección, se haya aproximado a ella, la verá y la comprenderá».

La inferioridad de las facultades del hombre no le permiten comprender la naturaleza íntima de Dios. En la infancia de la humanidad, el hombre lo confunde a menudo con la criatura, cuyas imperfecciones le atribuye. Pero a medida que en él se desarrolla el sentido moral, su pensamiento penetra mejor el fondo de las cosas, y se forma de ellas una idea más exacta y más conforme con la sana razón, aunque incompleta siempre.

12. Ya que no podemos comprender la naturaleza íntima de Dios, ¿podremos tener idea de alguna de sus perfecciones?

«De algunas, sí. El hombre las comprende mejor a medida que se eleva sobre la materia; las entrevé con el pensamiento»

13. Cuando decimos que Dios es eterno, infinito, inmutable, inmaterial, único, omnipotente, soberanamente justo y bueno, ¿tenemos una idea perfecta de sus atributos?

«Desde vuestro punto de vista, sí, porque creéis abarcarlo todo. Pero sabed que hay cosas superiores a la inteligencia del hombre más inteligente, y para las cuales carece de expresiones vuestro lenguaje, limitado a vuestras ideas y sensaciones. La razón os dice, en efecto, que Dios debe tener esas perfecciones en grado supremo, porque, si careciese de una sola de ellas, o si no las poseyese en grado infinito, no sería superior a todo, ni Dios, por lo tanto. Para ser superior a todas las cosas, Dios no ha de experimentar vicisitud alguna, ni tener ninguna de las imperfecciones que puede concebir la imaginación».

Dios es eterno, porque si hubiese tenido principio, habría salido de la nada, o habría sido creado por un ser anterior. Así es como, de grado en grado, nos remontamos a lo infinito y a la eternidad.

Es inmutable, porque si estuviese sujeto a cambios, ninguna estabilidad tendrían las leyes que rigen el universo.

Es inmaterial, es decir, que su naturaleza difiere de todo lo que llamamos materia. De otro modo no sería inmutable, porque estaría sujeto a las transformaciones de la materia.

Es único, porque si hubiese muchos Dioses, no habría ni unidad de miras, ni unidad de poder en el gobierno del universo.

Es omnipotente, porque es único. Si no tuviese el poder soberano, habría algo más poderoso que él o tan poderoso como él. No habría hecho todas las cosas y las que no hubiese hecho, serían obra de otro Dios.

Es soberanamente justo y bueno. La sabiduría providencial de las leyes divinas se revela así tanto en las más pequeñas, como en las más grandes cosas, y esa sabiduría no nos permite dudar ni de su justicia, ni de su bondad.

Panteísmo

14. Dios ¿es un ser distinto, o bien y según opinión de algunos, es la resultante de todas las fuerzas y de todas las inteligencias del universo reunidas?

«Si así fuese, Dios no existiría, porque sería efecto y no causa y no puede ser a la vez la una y el otro».

«Dios existe, no podéis dudarlo y esto es lo esencial. Creedme, no paséis más allá. No os extraviéis en un laberinto del que no podríais salir. Esto no os haría mejores, sino quizá un poco más orgullosos, porque creeríais saber mucho, no sabiendo nada en realidad. Dejad, pues, a un lado todos estos sistemas, porque demasiadas cosas tenéis que os incumben más directamente, empezando por vosotros mismos. Estudiad vuestras propias imperfecciones, a fin de emanciparos de ellas y más útil os será que querer penetrar lo impenetrable».

15. ¿Qué pensar de la opinión según la cual todos los cuerpos de la naturaleza, todos los seres y todos los globos del universo son partes de la Divinidad, constituyendo en conjunto la misma Divinidad? O de otro modo, ¿qué ha de pensarse de la doctrina panteísta?

«No pudiendo el hombre hacerse Dios, quiere ser, por lo menos, una parte de Dios».

16. Los que profesan esta doctrina pretenden encontrar en ella la demostración de algunos de los atributos de Dios. Como los mundos son infinitos, Dios es por la misma razón infinito. Como no existe en ninguna parte el vacío o la nada, Dios está en todas partes. Al estar Dios en todas partes, porque todo es parte integrante suya, da una razón de ser inteligente a todos los fenómenos de la naturaleza. ¿Qué puede oponerse a este razonamiento?

«La razón. Reflexionad detenidamente y no os será difícil reconocer el absurdo».

Esta doctrina panteísta hace de Dios un ser material que, aunque dotado de una inteligencia suprema, sería en grande lo que en pequeño somos nosotros. Ahora bien, al transformarse la materia sin cesar, si Dios fuese así no tendría estabilidad alguna. Estaría sujeto a todas las vicisitudes, incluso a todas las necesidades de la humanidad. Carecería de uno de los atributos esenciales de la Divinidad: la inmutabilidad. Las propiedades de la materia no pueden conciliarse con la idea de Dios sin rebajarlo en nuestro pensamiento, y todas las sutilezas del sofista no conseguirán resolver el problema de su naturaleza íntima. Nosotros no sabemos todo lo que es, pero sabemos lo que no puede dejar de ser, y ese sistema está en contradicción con sus más esenciales propiedades. Confunde al Creador con la criatura, lo mismo absolutamente que si se pretendiese que una máquina ingeniosa fuese parte integrante del mecánico que la concibió.

La inteligencia de Dios se revela en sus obras, como la del pintor en su cuadro, pero tan lejos están de ser las obras de Dios el mismo Dios, como está de ser el cuadro el pintor que lo concibió y ejecutó.

[1] El texto que, entre comillas, sigue a las preguntas es la misma respuesta dada por los Espíritus. Se han distinguido con otro tipo de letra las observaciones y explicaciones añadidas por el autor, cuando su confusión con el texto de la respuesta hubiera sido posible. Cuando forman capítulos enteros, se ha conservado el tipo de letra ordinario, pues ya no era posible la confusión. (N. de A. K.)

[2] “Esprit fort” en el original francés. Esto es, incrédulo o descreído. Esta expresión aparece también en las preguntas 148 y 962. (N. de L. G.)