Capítulo III: Creación
- Formación de los mundos. 2. Formación de los seres vivos. 3. Población de la Tierra. Adán. 4. Diversidad de las razas humanas. 5. Pluralidad de mundos. 6. Consideraciones y concordancias bíblicas respecto a la creación.
Formación de los mundos
El universo comprende la infinidad de mundos que vemos y que no vemos, todos los seres animados e inanimados y todos los astros que se mueven en el espacio, como también los fluidos que lo llenan.
37. ¿Ha sido creado el universo, o bien es eterno como Dios?
«No cabe duda de que no ha podido hacerse por sí solo y si fuese eterno como Dios, no sería obra de Dios».
La razón nos dice que el universo no ha podido hacerse a sí mismo, y que, no pudiendo ser obra del azar, debe serlo de Dios.
38. ¿Cómo creó Dios el universo?
«Para servirme de una expresión: con su Voluntad. Nada pinta mejor esa voluntad omnipotente que estas bellas palabras del Génesis: “Dijo Dios: Hágase la luz y la luz fue hecha”[1]».
39. ¿Podemos conocer como fueron formados los mundos?
«Todo lo que puede decirse, y que comprenderéis vosotros, es que los mundos se forman por la condensación de la materia diseminada en el espacio».
40. Los cometas ¿serían, como actualmente se cree, un principio de condensación de la materia y mundos en vías de formación?
«Es cierto. Lo absurdo es creer en su influencia. Hablo de esa influencia que vulgarmente se les atribuye, porque todos los cuerpos celestes tienen una parte de influencia en ciertos fenómenos físicos».
41. ¿Puede desaparecer un mundo completamente formado y la materia que lo forma ser de nuevo diseminada en el espacio?
«Sí, Dios renueva los mundos como renueva los seres vivos».
42. ¿Podemos conocer la duración de la formación de los mundos, de la Tierra, por ejemplo?
«No puedo decírtelo, porque solo el Creador lo sabe y muy loco sería el que pretendiese saberlo, o conocer el número de siglos de esa formación».
Formación de los seres vivos
43. ¿Cuándo empezó a ser poblada la Tierra?
«Al principio todo era caos, y los elementos estaban confundidos. Poco a poco cada cosa fue ocupando su lugar y entonces aparecieron los seres vivos apropiados al estado del globo».
44. ¿De dónde vinieron los seres vivos a la Tierra?
«La Tierra contenía los gérmenes que esperaban el momento favorable para desarrollarse. Los principios orgánicos se reunieron apenas cesó la fuerza que los tenía separados, y formaron los gérmenes de todos los seres vivos. Los gérmenes permanecieron en estado latente e inerte, como la crisálida y la simiente de las plantas, hasta que llegó el momento propicio al nacimiento de cada especie, y entonces los seres de cada especie se reunieron y multiplicaron».
45. ¿Dónde estaban los elementos orgánicos antes de la formación de la Tierra?
«Se encontraban en estado de fluido, por decirlo así, en el espacio, en medio de los Espíritus, o en otros planetas, esperando la creación de la Tierra para empezar una nueva existencia en un globo nuevo».
La química nos presenta las moléculas de los cuerpos inorgánicos uniéndose para formar cristales de regularidad constante, según cada especie, desde el momento en que se hallan en condiciones propicias. La menor turbación en estas condiciones basta para impedir la reunión de los elementos, o por lo menos la disposición regular que constituye el cristal. ¿Por qué no ha de suceder lo mismo en los elementos orgánicos?
Conservamos por espacio de años simientes de plantas y de animales que no se desarrollan más que a cierta temperatura y en un medio propicio. Se ha visto germinar simientes de trigo después de muchos siglos. Hay, pues, en ellas un principio latente de vitalidad que solo espera para desarrollarse una circunstancia favorable. Lo que diariamente pasa a nuestra vista ¿no puede haber ocurrido desde el principio del mundo? Esta formación de los seres vivos saliendo del caos por la misma fuerza de la naturaleza, ¿quita algo a la grandeza de Dios? Lejos de eso, responde mejor a la idea que nos formamos de su poder, ejerciéndose en mundos infinitos por leyes eternas. Cierto que esta teoría no resuelve la cuestión del origen de los elementos vitales, pero Dios, que tiene sus misterios, ha puesto límite a nuestras investigaciones.
46. ¿Hay aún seres que nacen espontáneamente?
«Sí, pero el germen primitivo existía ya en estado latente. Cada día sois testigos de ese fenómeno, pues ¿acaso los tejidos del hombre y de los animales no encierran los gérmenes de una multitud de gusanos, que esperan para nacer la fermentación pútrida necesaria a su existencia? Este es un pequeño mundo que dormitando se forma».
47. ¿Se encontraba la especie humana entre los elementos orgánicos contenidos en el globo terrestre?
«Sí, y llegó a su tiempo, lo que hizo decir que el hombre fue hecho del barro de la tierra.[2]»
48. ¿Podemos conocer la época de la aparición del hombre y demás seres vivos de la Tierra?
«No, y todos vuestros cálculos son quimeras».
49. Si el germen de la especie humana se encontraba entre los elementos orgánicos del globo, ¿por qué no se forman hombres espontáneamente como al principio?
«El principio de las cosas es uno de los secretos de Dios. Puede decirse, no obstante, que una vez diseminados los hombres por la Tierra, han absorbido en sí mismos los elementos necesarios a su formación para transmitirlos según las leyes de la reproducción. Lo mismo ha sucedido en las diferentes especies de seres vivos».
Poblamiento de la Tierra. Adán
50. ¿Empezó la especie humana por un solo hombre?
«No, y el que vosotros llamáis Adán no fue el primero, ni el único que pobló la Tierra».
51. ¿Podemos saber en qué época vivió Adán?
«Poco más o menos en la que vosotros señaláis, esto es, cerca de 4000 años antes de Cristo».
El hombre, cuya tradición se ha conservado bajo el nombre de Adán, fue uno de los que sobrevivieron en una comarca a algunos de los grandes cataclismos que, en diversas épocas, han transformado la superficie del globo, y vino a ser el tronco de una de las razas que hoy lo pueblan. Las leyes de la naturaleza se oponen a que hayan podido realizarse en algunos siglos los progresos de la humanidad, patentizados mucho tiempo antes de Cristo, si el hombre no hubiese vivido en la Tierra más que desde la época señalada a la existencia de Adán. Algunos consideran, y tienen más razón en hacerlo, a Adán, como un mito o alegoría que personifica las primitivas edades del mundo.
Diversidad de las razas humanas
52. ¿De dónde proceden las diferencias físicas y morales que distinguen a las variadas razas de hombres en la Tierra?
«Del clima, de la vida y de las costumbres. Sucede lo mismo que con dos hijos de la misma madre, que en nada se parecerán moralmente si los educa separados y de distinto modo».
53. ¿Ha nacido el hombre espontáneamente en muchos puntos del globo?
«Sí, y en diversas épocas, siendo esta una de las causas de la diversidad de razas. Más tarde, al dispersarse por diferentes climas y al unirse con otras razas, los hombres formaron nuevos tipos».
― Estas diferencias, ¿constituyen distintas especies?
«Ciertamente que no, pues todas son de la misma familia. ¿Acaso las diferentes variedades de un mismo fruto impiden que pertenezcan a la misma especie?»
54. Si no procede la especie humana de un solo individuo, ¿deben cesar los hombres de mirarse como hermanos?
«Todos los hombres son hermanos en Dios, porque están animados por el espíritu y tienden al mismo fin. Siempre queréis tomar las palabras al pie de la letra».
Pluralidad de mundos
55. ¿Están habitados todos los globos que circulan en el espacio?
«Sí, y el hombre de la Tierra dista de ser, como cree, el primero en inteligencia, en bondad y en perfección. Hay sin embargo, hombres muy vanidosos que imaginan que ese pequeño globo tiene el privilegio exclusivo de tener seres racionales. ¡Orgullo y vanidad! Se figuran que Dios creó el universo para ellos solos».
Dios ha poblado los mundos de seres vivos, que concurren todos al objeto final de la Providencia. Creer que los seres vivos están limitados al único punto que habitamos en el universo, equivaldría a poner en duda la sabiduría de Dios, que no ha hecho nada inútil y que ha debido asignar a esos mundos un objeto más grave que el de recrear nuestra vista. Nada, por otra parte, ni la posición, ni el volumen, ni la constitución física de la Tierra, puede inducir a suponer racionalmente que solo ella tenga el privilegio de estar habitada, con exclusión de tantos miles de mundos semejantes.
56. ¿Es la misma la constitución física de los diferentes globos?
«No, no se parecen en manera alguna».
57. No siendo la misma constitución física para todos los mundos, ¿se deduce de ello una organización diferente para los seres que los habitan?
«Sin duda, como entre vosotros los peces son hechos para vivir en el agua y las aves en el aire».
58. ¿Están privados de luz y de calor los mundos más distantes del Sol, ya que este se les muestra como una estrella?
«¿Creéis, pues, que no hay otras fuentes de luz y de calor que el Sol? ¿No contáis para nada con la electricidad que, en algunos mundos, desempeña un papel que os es desconocido, y que es mucho más importante que en la Tierra? Por otra parte, nadie os ha dicho que todos los seres vean de la misma manera que vosotros y con órganos formados como los vuestros».
Las condiciones de existencia de los seres que habitan los diferentes mundos deben ser apropiadas al medio en que están llamados a vivir. Si nunca hubiéramos visto peces, no comprenderíamos que hubiera seres que pudiesen vivir en el agua, y así sucede en los otros mundos que contienen sin duda elementos desconocidos para nosotros. ¿Acaso no vemos en la Tierra las largas noches polares iluminadas por la electricidad de las auroras boreales? ¿Acaso es imposible que en ciertos mundos la electricidad sea más abundante que en la Tierra, y que desempeñe en ellos un papel general, cuyos efectos no podemos comprender? Esos mundos pueden, por lo tanto, contener en sí mismos las fuentes de calor y de luz necesarias a sus habitantes.
Consideraciones y concordancias bíblicas respecto a la creación
59. Los pueblos se han formado ideas muy divergentes sobre la creación, según el grado de su ilustración. La razón, apoyada en la ciencia, ha reconocido la inverosimilitud de ciertas teorías. La que dan los Espíritus confirma la opinión admitida hace mucho tiempo por los hombres más esclarecidos.
La objeción que puede hacerse a esta teoría es que está en contradicción con el texto de los libros sagrados, pero un examen detenido hace ver que esta contradicción es más aparente que real, y que resulta de la interpretación dada a lo que a menudo tiene un sentido alegórico.
La cuestión del primer hombre en la persona de Adán, como tronco único de la humanidad, no es la única que ha sido objeto de modificación para las creencias religiosas. En cierta época, el movimiento de la Tierra pareció tan opuesto al texto sagrado, que no hubo una sola clase de persecuciones de que no fuese blanco esa teoría. Y sin embargo, la Tierra gira a pesar de los anatemas y nadie podría negarlo actualmente sin agraviar su propia razón.
Dice igualmente la Biblia que el mundo fue creado en seis días y fija la época de creación como unos 4000 años antes de la era cristiana. Antes de esa época, no existía la Tierra, que fue sacada de la nada. El texto es formal, pero he aquí que la ciencia positiva, la ciencia inexorable, viene a probar lo contrario. La formación del globo está escrita con caracteres imprescriptibles en el mundo fósil, y está probado que los seis días de la creación son otros tantos períodos, cada uno de los cuales abarca quizá muchos centenares de miles de años. Esto no es un sistema, una doctrina, una opinión aislada, sino un hecho tan constante como el movimiento de la Tierra, que la teología no puede resistirse a admitir, prueba evidente del error en que puede incurrirse, tomando literalmente las expresiones de un lenguaje que es figurado con frecuencia. ¿Debe inferirse de eso que sea falsa la Biblia? No, pero sí que los hombres la han interpretado mal.
Hojeando los archivos de la Tierra, la ciencia ha descubierto el orden en que han aparecido en su superficie los diferentes seres vivos, orden que está conforme con el indicado en el Génesis, con la sola diferencia de que, en vez de salir milagrosamente de las manos de Dios y en algunas horas, esa obra, se ha realizado en algunos millones de años, siempre por su voluntad, pero con arreglo a la ley de las fuerzas de la naturaleza. ¿Es por ello menos grande y menos poderoso Dios? ¿Su obra es menos sublime por no tener el prestigio de la instantaneidad? No, evidentemente, y preciso sería formarse una idea muy mezquina de la Divinidad para no reconocer su omnipotencia en las leyes eternas que ha establecido para gobernar los mundos. La ciencia, lejos de amenguar la obra divina, nos la presenta bajo un aspecto más grandioso y más conforme con las nociones que tenemos del poderío y de la majestad de Dios, por lo mismo que se ha realizado sin derogación de las leyes de la naturaleza.
Conforme en este punto con Moisés, la ciencia coloca al hombre en último término en el orden de la creación de los seres vivos. No obstante, Moisés fija el diluvio universal en el año 1654 de la creación del mundo, mientras que la geología nos presenta el gran cataclismo anterior a la aparición del hombre, atendiendo a que hasta esa fecha no se encuentra en las capas primitivas ninguna señal de su presencia, ni de la de los animales de su misma categoría, desde el punto de vista físico. Mas nada prueba que esto sea imposible, y varios descubrimientos han engendrado ya dudas sobre este particular. Puede ser, pues, que de un momento a otro se tenga certeza material de esa anterioridad de la raza humana, y entonces se comprenderá que en este punto, como en otros, el texto bíblico es figurado. La cuestión estriba en saber si el cataclismo geológico es el mismo que el de Noé. Ahora bien, la duración necesaria para la formación de las capas fósiles no permite confundirlas, y cuando se encuentren vestigios de la existencia del hombre antes de la gran catástrofe, quedará probado o que Adán no fue el primer hombre, o que su creación se pierde en la oscuridad de los tiempos. Contra la evidencia no son posibles los raciocinios, y será preciso aceptar el hecho, como se ha aceptado el del movimiento de la Tierra y el de los seis períodos de la creación.
Cierto que la existencia del hombre antes del diluvio geológico es aún hipotética, pero he aquí que lo es menos. Admitiendo que el hombre apareció por primera vez en la Tierra 4000 años antes de Cristo, si 1650 años más tarde fue destruida toda la raza humana, excepto una sola familia, resulta que el poblamiento de la Tierra data de Noé únicamente, es decir, 2350 años antes de nuestra era. Pues bien, cuando los hebreos emigraron a Egipto en el siglo dieciocho antes de Cristo, encontraron muy poblado y adelantado en civilización a aquel país. La historia prueba que en esta época la India y otras tierras eran igualmente florecientes, sin tener en cuenta la cronología de ciertos pueblos, que se remonta a una época mucho más que remota. Hubiera sido preciso, pues, que del siglo veinticuatro al dieciocho, es decir, en un espacio de 600 años, la posteridad de un solo hombre no solamente hubiera podido poblar todas las inmensas tierras entonces conocidas, suponiendo que no lo estuviesen las otras, sino que, en aquel breve intervalo, la especie humana habría podido elevarse de la ignorancia absoluta del estado primitivo al mayor grado de desarrollo intelectual, lo cual es contrario a todas las leyes antropológicas.
En apoyo de esta opinión viene también la diversidad de razas. Es indudable que el clima y los hábitos engendran modificaciones en el carácter físico, pero se deja comprender el alcance de la influencia de esas causas y el examen fisiológico prueba que entre ciertas razas existen diferencias constitucionales más profundas que las que puede producir el clima. El cruzamiento de las razas produce los tipos intermedios, y tiende a borrar los caracteres extremos, pero no los produce, sino que se limita a formar variedades. Pues bien, para que hubiese habido cruzamiento de razas era preciso que las hubiera distintas, y ¿cómo explicar su existencia suponiéndoles un tronco común, y sobre todo un tronco tan cercano? ¿Cómo admitir que en algunos siglos ciertos descendientes de Noé se hayan transformado hasta el punto de producir la raza etíope, por ejemplo? Semejante metamorfosis no es más admisible que la hipótesis de un tronco común al lobo y la oveja, al elefante y al pulgón, al ave y al pez. Repetimos que nada puede prevalecer contra la evidencia de los hechos. Todo encuentra explicación, por el contrario, admitiendo la existencia del hombre antes de la época que vulgarmente se le señala; la diversidad de orígenes; a Adán, que vivía hace 6000 años como poblador de una comarca aún deshabitada; el diluvio de Noé como una catástrofe parcial que se ha confundido con el cataclismo geológico, y teniendo finalmente en cuenta la forma alegórica peculiar al estilo oriental y que encontramos en los libros sagrados de todos los pueblos. Por esta razón, es prudente no declararse con ligereza en contra de ciertas doctrinas que pueden, como tantas otras, desmentir tarde o temprano a los que las combaten. Lejos de perder, las ideas religiosas se ensanchan caminando a la par de la ciencia, y este es el único medio de no ofrecer un lado vulnerable al escepticismo.
[1] Génesis 1:3.
[2] Génesis 2:7.
📘 Índice general de El Libro de los Espíritus – Allan Kardec
- Aviso sobre esta nueva edición
- Introducción
- Prolegómenos
- Libro Primero – Causas Primarias
- Capítulo I – Dios
- Capítulo II – Elementos generales del universo
- Capítulo III – Creación
- Capítulo IV – Principio vital
- Libro Segundo – Mundo Espírita o de los Espíritus
- Capítulo I – Sobre los Espíritus
- Capítulo II – Encarnación de los Espíritus
- Capítulo III – Regreso a la vida espiritual
- Capítulo IV – Pluralidad de existencias
- Capítulo V – Consideraciones sobre la pluralidad de existencias
- Capítulo VI – Vida espírita
- Capítulo VII – Regreso a la vida corporal
- Capítulo VIII – Emancipación del alma
- Capítulo IX – Intervención de los Espíritus
- Capítulo X – Ocupaciones y misiones
- Capítulo XI – Los tres reinos
- Libro Tercero – Leyes Morales
- Capítulo I – Ley divina o natural
- Capítulo II – Ley de adoración
- Capítulo III – Ley del trabajo
- Capítulo IV – Ley de reproducción
- Capítulo V – Ley de conservación
- Capítulo VI – Ley de destrucción
- Capítulo VII – Ley de sociedad
- Capítulo VIII – Ley del progreso
- Capítulo IX – Ley de igualdad
- Capítulo X – Ley de libertad
- Capítulo XI – Ley de justicia, de amor y de caridad
- Capítulo XII – Perfección moral
- Libro Cuarto – Esperanzas y Consuelos
- Capítulo I – Penas y goces terrenales
- Capítulo II – Penas y goces futuros
- Conclusión