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ESPIRITISMO / Quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy….es sólo el principio

La Revelación Espírita y Allan Kardec

La Revelación Espírita y Allan Kardec

Los anales de la historia muestran que desde épocas muy remotas la evocación de los Espíritus era algo practicado por iniciados religiosos de todos los cultos. El más antiguo código religioso que se conoce, los Vedas, aparecido miles de años antes de Jesucristo, afirma la existencia de los Espíritus. Desde tiempos inmemoriales, los maestros iniciados en los misterios preparaban a individuos llamados faquires para la evocación de los Espíritus y para la obtención de los más notables fenómenos del magnetismo. Igualmente remota era la evocación de los Espíritus de los antepasados en China.

            Todos los historiadores están de acuerdo en atribuir a los padres del antiguo Egipto poderes que parecían sobrenaturales y, dejando de lado lo que puede haber de legendario en esas narraciones, lo que sí es cierto es que evocaban a los «muertos». De ahí que Moisés prohibiese formalmente a los hebreos esas prácticas. Encontraremos también las pitonisas en Grecia. Y en la historia judía y cristiana hallaremos también numerosos fenómenos mediúmnicos.

Juana de Arco era médium
La heroica figura de Juana de Arco demostró hasta qué grado las comunicaciones con los Espíritus pueden dar resultados tan grandiosos como inesperados.

            Miles de víctimas fueron quemadas sin piedad por haber evocado a los Espíritus durante la Edad Media. Al poder teocrático no le convenía que las almas de los

«muertos» viniesen a contradecir las enseñanzas oficiales de los padres de la Iglesia. Pero la heroica figura de Juana de Arco demostró hasta qué grado las comunicaciones con los Espíritus pueden dar resultados tan grandiosos como inesperados.

            «Y será en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne. Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán. Y vuestros mancebos verán visiones. Y vuestros viejos soñarán sueños». (Hechos de los Apóstoles, 2-17)

            «Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros». (Juan, 14-16,17) 

«Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho». (Juan, 14-26)

            ¿Qué son las profecías sino fenómenos mediúmnicos? ¿Y las visiones y los sueños? Un Espíritu que se hacía llamar el Espíritu de Verdad presidía «la invasión organizada», tal como denominase Arthur Conan Doyle a la Revelación Espírita en sus primeros pasos. Mientras el mundo entero era testigo del fenómeno de las mesas giratorias, calificado por la prensa como «el mayor acontecimiento del siglo», para la mayoría no pasaba de un pasatiempo y entre los que se preocupaban en buscar las causas había eminentes hombres de ciencia, como por ejemplo el gran físico inglés Faraday.

            Desde la aristocracia hasta los salones más humildes, en Londres, París, Nueva York y San Petersburgo, eran muchos los que jugaban con las mesas. Y el Santo Oficio debió encontrar algún peligro en ello para sus intereses, pues condenó los fenómenos y tachaba de herejes a las personas por intermedio de las cuales ellos eran producidos.

            Entretanto Rivail, un destacado pedagogo francés, asistía a una reunión en la que presencia por primera vez el fenómeno de las mesas giratorias. Más tarde como Allan Kardec diría:

«En esas aparentes futilidades y especie de juego que se hacía de esos fenómenos, vislumbré algo muy serio y la revelación de una nueva ley que me propuse profundizar».

            Empieza así a frecuentar diversas sesiones en lugares diferentes y las propias mesas indicaron un nuevo método de comunicación a través de un lápiz atado a una cestita. Allan Kardec preparaba preguntas sobre cuestiones diversas que eran contestadas «con precisión, profundidad y de una manera lógica». Es así que sin saberlo va fraguando lo que sería posteriormente El Libro de los Espíritus.

            En la sesión del 25 de marzo de 1856, en casa del señor Baudin, Kardec pregunta cuál era la identidad del Espíritu que lo orienta. La respuesta fue:

«Para ti me llamaré la Verdad».

Kardec diría más tarde:

«En ese momento yo ignoraba la superioridad de ese Espíritu. Nunca, desde entonces, ha dejado de protegerme».

El Espíritu de Verdad no era sólo un símbolo, sino el guía espiritual de toda una falange de Espíritus superiores.

            El 30 de abril de 1856 los Espíritus le revelan la misión que tendría que desempeñar, algo que posteriormente sería confirmado con más claridad y por otros diferentes médiums. Dos meses después, un Espíritu que se hacía llamar el Espíritu de Verdad le ratificaría lo que otros le habían dicho, advirtiéndole de todas las vicisitudes por las que pasaría pero asegurándole la asistencia espiritual para el éxito de su tarea, que dependería no sólo de su inteligencia sino de la humildad, la modestia, el desinterés, la perseverancia, la firmeza y hasta la abnegación y el sacrificio.

Imagen de Charles Richet
Charles Richet, premio Nobel de medicina y fisiología, fue uno de los científicos más destacados que investigaron los fenómenos espíritas.

            Charles Richet, premio Nobel de medicina y fisiología, dijo de Allan Kardec:

«Él siempre se apoya en la experimentación, de modo que su obra no es solamente una grandiosa y homogénea teoría, sino que también es un imponente conjunto de hechos».

            La misión de Kardec no es una concepción personal ni el resultado de un sistema preconcebido. Es la resultante de miles de observaciones hechas en muchos puntos del Globo, las cuales fueron dirigidas hacia un centro que las coordinó.

            La aparición del Espiritismo tiene lugar después de la gran revolución de los transportes y de las comunicaciones en la primera mitad del siglo XIX. El tren, el telégrafo eléctrico, el cable submarino, el perfeccionamiento de la imprenta, todos esos progresos contribuyeron a la circulación rápida y efectiva de las ideas, permitiendo un intercambio cultural de la mayor envergadura. Gracias a eso se alcanzó, en muy pocos años, a todos los estratos sociales en la mayoría de los países.

            El mismo año de la publicación de El Libro de los Espíritus se habían superado todas las expectativas, sólo en Estados Unidos había ya 17 revistas y publicaciones periódicas consagradas al Espiritismo, antes incluso de que Allan Kardec crease la Revista Espírita.

            Los fenómenos que se manifestaban, de efectos físicos, por todas partes, revelaban una voluntad libre e inteligente, y como efecto inteligente debía tener por causa un ser o fuerza inteligente. Los hechos probaron y prueban que esa fuerza puede entrar en comunicación con los hombres. Por constituir un fenómeno natural se encuentran huellas de estas comunicaciones en todos los pueblos y épocas.

            Interrogada acerca de su naturaleza, dicha fuerza ha declarado pertenecer al Mundo de los Espíritus. Ellos anuncian que tienen la misión de instruir e iluminar a los hombres, inaugurando una nueva era para la regeneración del género humano.

            El método de elaboración del Espiritismo ha sido exactamente el mismo que el de las ciencias positivas, el método experimental. Ante unos hechos nuevos que no tienen explicación mediante las leyes conocidas: El Espiritismo los observa, compara y analiza, y del efecto se remonta a la causa y de ésta a la ley que los gobierna, para después deducir las consecuencias y las aplicaciones útiles. Llegó en una época de emancipación y madurez intelectual, cuando la inteligencia desarrollada ya no aceptaba nada a ciegas y quiere saber el por qué y para qué de cada cosa.

            Una de las causas de la rápida difusión de la Revelación Espírita es que se produjo simultáneamente en miles de centros diferentes y todos ellos se convirtieron en foco de difusión. Si bien en ninguno de ellos la enseñanza espírita era completa, se obtuvo de manera parcial en diferentes lugares y mediante una gran cantidad de intermediarios.

            Era necesario agrupar los hechos dispersos, ver su correlación, reunir las instrucciones dadas por los Espíritus sobre diferentes puntos y temas diversos para comparar, analizar y estudiar analogías y diferencias. Crear, pues, un centro de elaboración que fuese el punto de unión de los trabajos individuales. Ese centro de elaboración ya estaba previsto por la espiritualidad y desde el momento que Allan Kardec se encuentra con los primeros fenómenos comienza, sin saberlo, a elaborar la gran tarea que ya tenía asignada antes incluso de encarnar.

            La Revelación Espírita no es sólo una revelación divina, es también una revelación científica. Es divina porque los puntos fundamentales de su enseñanza son impartidos por los Espíritus, intermediarios de Dios. Y es científica, porque la enseñanza no es privilegio de ningún individuo en especial, no exime al hombre del trabajo de búsqueda y de la observación de los hechos para que ella no sea dictada ni impuesta ciegamente.

            Con la Revelación Espírita se nos da el conocimiento de:

  • La existencia del Mundo Invisible que nos rodea y puebla el Espacio.
  • Los lazos que unen al cuerpo con el alma.
  • De dónde venimos, hacia dónde vamos, por qué estamos en este mundo, por qué sufrimos temporalmente y comprendemos hasta qué grado la justicia de Dios a todos alcanza.
  • Que el alma progresa sin cesar, al pasar de una existencia a otra hasta que alcanza cierto grado de perfección.
  • Que todos somos creados iguales y con idénticas aptitudes para progresar, siendo ésta la única diferencia entre los seres, el progreso alcanzado.
  • Que todos tenemos el mismo destino y lograremos igual meta, antes o después, según el trabajo y la buena voluntad que pongamos en la tarea.

    Hippolyte Léon Denizard Rivail (Allan Kardec)
    Allan Kardec

Es apenas un esbozo de las numerosas informaciones que encontramos en el Espiritismo y en la obra de Allan Kardec o Revelación Espírita contenida fundamentalmente en las siguientes obras: El Libro de los Espíritus, El Libro de los Médiums, El Evangelio según el Espiritismo, El Cielo y el Infierno, La Génesis y La Revista Espírita ( Revue Spirite 1858-1869)

            La Revelación Espírita tiene una amplitud que le permite abarcar todas las cuestiones de orden moral, satisface a la razón más exigente para cualquiera que se tome el trabajo de estudiarla y no esté dominado por las ideas preconcebidas. No tiene las mezquinas restricciones de ciertas filosofías y presenta como principio el que si una verdad nueva o un descubrimiento de la ciencia viniese a contradecir alguno de sus principios, el Espiritismo abandonaría ese principio e iría de la mano de la ciencia.

            El Espiritismo reposa sobre un hecho, el de la comunicación entre el mundo invisible y el mundo visible, y un hecho no puede ser anulado por el tiempo. El Espiritismo está lejos de haber dicho la última palabra con respecto a sus consecuencias, pero es inquebrantable en su base porque esta base está asentada en hechos.

            «Que los espíritas no tengan miedo: el futuro les pertenece; que dejen que los adversarios se debatan entre los brazos de su verdad, que los ofusca, porque toda negación es impotente contra la evidencia que triunfa inevitablemente por la fuerza misma de las cosas. Es una cuestión de Tiempo». (Allan Kardec)

 

Salvador Martín para Cursoespirita.com

 

Bibliografía

Gabriel Delanne, El Fenómeno Espírita.

Sir Arthur Conan Doyle, Historia del Espiritismo.

Allan Kardec, El Libro de los Espíritus.

Allan Kardec, La Génesis.

Allan Kardec, Revue Spirite.

J. Herculano Pires., El Espíritu y el Tiempo.

Zeus Wantuil y Francisco Thiesen. Allan Kardec. El Educador y el Codificador.

 

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