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ESPIRITISMO / Quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy….es sólo el principio

Las Nuevas Generaciones

Las Nuevas Generaciones

Las Nuevas Generaciones

“Las nuevas generaciones se distinguirá por una inteligencia y un raciocinio generalmente precoces, aliados al sentimiento innato del bien y de las creencias espiritualistas, lo que es una señal indudable de un progreso anterior”.

Algunos padres se extrañan cuando al tener su primer hijo, en los primeros días, no sienten ese amor del que tantas veces han escuchado hablar a otros padres, ese amor que les llevaría  por ejemplo a dar la vida por sus hijos. Pero poco a poco descubren que sí, que lo sienten, y cada día que pasa creen que es imposible amar más a sus hijos. Sin embargo, se equivocan, cada vez los aman más y más. Y es justo ese amor que necesitan los hijos, el amor de los padres.

Algunas investigaciones muestran que aquellos niños que han estado en guarderías a edades muy tempranas son por lo general más problemáticos, rebeldes y en algunos casos hasta violentos. No es que las guarderías muestren siempre una cara negativa, pues por ejemplo contribuyen a desarrollar más rápidamente capacidades lingüísticas. Pero esos estudios presentan la idea de que si tenemos que recurrir a los servicios de un cuidador para nuestros hijos, lo más conveniente es que no lo hagamos antes de los 5 años.

Hoy en día en algunas ciudades cuesta más aparcar el coche que aparcar un hijo en una guardería. Los gobiernos, que tienen por lo general muchos controles para que lo que comemos en un restaurante no nos contamine, se deberían ocupar con más énfasis para que la educación que se imparte en las guarderías no contamine a nuestros hijos, y finalmente a nuestra sociedad futura.

Educación de los padres
Los seres humanos son la especie con una infancia mayor, un período más largo de inmadurez frente al resto de seres vivos. Son muchos años en los que el espíritu reencarnado, ahora bebé o niño, es muy maleable a expensas de la educación moral, emocional e intelectual.

Los seres humanos son la especie con una infancia mayor, un período más largo de inmadurez frente al resto de seres vivos. Son muchos años en los que el espíritu reencarnado, ahora bebé o niño, es muy maleable a expensas de la educación moral, emocional e intelectual. Y especialmente en la parte moral, esa plasticidad y maleabilidad va a definir su carácter a través de la educación más importante, que es la que procede de los padres.

La educación comienza antes incluso del nacimiento. Una investigación en Bristol, con 500 mil mujeres embarazadas, muestra que los niveles de estrés y ansiedad de las madres doblan las posibilidades de que sus hijos tengan problemas de hiperactividad o déficit de atención. El cortisol o hidrocortisona, también llamada la hormona del estrés, atraviesa la placenta. Estos nuevos conocimientos nos han de ir llevando a una sociedad que proteja a las madres y que facilite en la mejor medida la conciliación de la vida laboral y familiar.

Las nuevas generaciones necesitan unos padres más dedicados, y con más tiempo libre. La  ciencia va demostrando que ese es el camino. Las sociedades y gobiernos irán descubriendo que lograr una sociedad mejor en todos los sentidos, hasta económicos, no proviene de un horario laboral incompatible con la familia. Precisamente, una buena labor educativa en la familia construirá un futuro mejor, con generaciones futuras más capaces, más moralizadas y mejor preparadas emocional y profesionalmente.

Niñas mirando pájaros
El fracaso de un alumno será inconcebible en una educación que estudia y promueve sus mejores cualidades, el elemento en el que se desarrolla mejor ese alumno.

A nivel académico, el siglo XXI todavía está anclado en sistemas educativos ancestrales, pero las nuevas tecnologías contribuirán en gran medida para la educación de las nuevas generaciones. Se aprovecharán las cualidades innatas, se personalizarán y desarrollarán las potencialidades de cada uno, su propia creatividad. Somos diferentes y esas diferencias convienen a nuestra sociedad, si ésta aprende a salirse de la educación lineal que genera fracaso y marginación, y que limita y frena las verdaderas aspiraciones que trae el ser. El fracaso de un alumno será inconcebible en una educación que estudia y promueve sus mejores cualidades, el elemento en el que se desarrolla mejor ese alumno. «El Elemento descubrir tu pasión, lo cambia todo», un extraordinario libro de Ken Robinson, nos presenta y desarrolla muy inteligentemente que todos somos creativos en aquello que nos gusta. Esa diversidad y encuentro con lo que nos apasiona y nos hace desarrollarnos mejor es lo que nos hará no sólo más capaces, productivos y mejores, sino también más felices. Las nuevas generaciones necesitan que ni la sociedad, ni la familia, ni la educación, coarten sus propias y grandes capacidades en consonancia con la afirmación de Jesús:

«Todos sois Dioses”

Todos tenemos grandísimas potencialidades creativas, todos podemos tener ideas geniales en aquello que nos apasiona y el ser humano será capaz de recrear un mundo mejor.

Todos estos cambios políticos, laborales, educativos, familiares, pueden parecer lejanos, pero lo cierto es que ya han comenzado y se irán generalizando con el paso del tiempo, abriendo así de par en par las puertas a las nuevas generaciones.

Entre estas nuevas generaciones estaremos nosotros mismos en las siguientes encarnaciones, más adelantados moral e intelectualmente. Aquello pues que mejoramos en este mundo es lo que nos encontraremos al volver. Pero también vendrán espíritus más evolucionados, que van a contribuir al progreso de esta humanidad en todos los campos.

«Mejorados los hombres, no ofrecerán al mundo invisible sino buenos espíritus; éstos, encarnándose, por su parte solo ofrecerán a la Humanidad corporal elementos perfeccionados. La Tierra dejará, entonces, de ser un mundo de expiación y los hombres no sufrirán más las miserias que son consecuencia de sus imperfecciones». (Allan Kardec)

La Tierra está llamada a ser un mundo feliz y habitar en ella será una recompensa y no una punición. El reinado del bien debe suceder al del mal y para ello es necesario que la Tierra esté sólo poblada por Espíritus buenos, encarnados y desencarnados, que no querrán sino el bien. Habiendo llegado ese tiempo, una gran emigración se realiza en este momento y aquellos que persistan en el mal serán excluidos, relegados a mundos más inferiores, a los que llevarán sus conocimientos adquiridos y tendrán por misión hacerles progresar. Esta emigración no necesita cataclismos, la generación actual desaparecerá gradualmente y la nueva le sucederá, sin que nada cambie en el orden natural de las cosas.

En cada niño que nazca, en vez de un espíritu atrasado e inclinado al mal, encarnará un espíritu más avanzado e inclinado al bien.

Las nuevas generaciones se distinguirá por una inteligencia y un raciocinio generalmente precoces, aliados al sentimiento innato del bien y de las creencias espiritualistas, lo que es una señal indudable de un progreso anterior. No estará compuesta de espíritus eminentemente superiores, sino de aquellos que habiendo ya progresado estarán en disposición de asimilar las ideas progresistas y aptos para secundar el movimiento regenerador. Pero habrá en ellos una fe innata, no la fe exclusivista y ciega que divide a los hombres y sí la fe razonada, que esclarece, fortifica y une en un sentimiento común de amor a Dios y al prójimo. Con la generación que se extingue desaparecerán los últimos vestigios de la incredulidad y del fanatismo.

Surgirán hombres altamente reconocidos que apoyarán las verdades espíritas con la autoridad de sus nombres y sus ejemplos. Esos hombres se mostrarán cuando llegue el momento propicio.

Las dificultades en todos los géneros que vive ahora la humanidad es una señal característica de los tiempos, son las hojas de otoño que caen y a las que sucederán los nuevos brotes, llenos de vida. Caen las hojas muertas de la Humanidad llevadas por la ventisca para renacer más vivaces bajo el mismo soplo de vida, que no se extingue, si no que se purifica.

A través de la nube sombría que nos envuelve y en cuyo seno brama la tempestad, ya vemos surgir los primeros rayos de la nueva era. La fraternidad asienta sus fundamentos en todos los puntos del globo y los pueblos se tienden las manos, los preconceptos de razas y sectas, que derramaron ríos de sangre, se extinguen.

Los incrédulos se ríen de estas cosas y las tratan como quimeras pero, digan lo que digan, no escaparán a la ley común y un día serán forzados a abrir los ojos.

Salvador Martín

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