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ESPIRITISMO / Quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy….es sólo el principio

Cartas de una Muerta

Portada Cartas de una Muerta por Chico Xavier

Cartas de una Muerta

Del Espíritu Maria João de Deus a través de la psicografía de Francisco Cándido XavierPortada libro Cartas de una Muerta

Maria João de Deus nació en S. Luzia do Rio das Velhas, Minas Gerais, hija de una humilde lavandera de esa histórica ciudad. Nació pobre, hija de pobres y honrados padres y nunca pudo recibir mayor instrucción que aquella que los humildes reciben, especialmente en aquel final del siglo XIX, en el interior de las Alterosas.

Maria João de Deus, fue la madre de Chico Xavier.

Cuando Maria João de Deus desencarnó, en Pedro Leopoldo, el 29 de septiembre de 1915, Chico tenía apenas 5 años. Pero siempre recordaba detalles acerca de su querida madre, especialmente que antes de dejar este mundo, le dijo “que iba a hacer un viaje… pero que volvería” Entre palabras entrecortadas daba sus últimos consejos mezclados con lágrimas, mientras esperaba, antes de partir de este mundo, bendecir al último hijo que estaba lejos y tardaba en llegar.

El pequeño Chico nunca creyó, guardando fielmente la palabra materna, nunca pudo creer en la muerte… No, su Madre no murió, aunque los demás se lo dijesen. Ella estaba viajando, viajando a un lugar lejano, para curarse de la enfermedad que la arrojó al lecho doloroso… Pero volvería. Volvería, sí. Ella prometió volver…

Y volvió… Meses después de tantos dolores para todos en la familia, Maria João de Deus volvió…

Las infelicidades se transformaron en bienaventuranzas, tal como Jesucristo nos enseña en el Sermón de la Montaña…

Y sucedió como no podía dejar de suceder: Maria João de Deus volvió, volvió “del viaje que iba a hacer” y trajo a su niño (de cinco años) las primeras floraciones de la mediumnidad.

Se apareció ante él y lo consoló. El niño fue creciendo y creciendo también los testimonios de la Vida Espiritual, las evidencias del Mundo Mayor, las realizaciones de su tarea mediúmnica, extraordinaria y consoladora, y es así que aquel niño fue creciendo, recorriendo todo el siglo XX.

Cuando el joven Chico, iluminado ya suficientemente por las bendiciones de la inmortalidad, pidió a su madre que le contara sus primeras impresiones de la vida del otro mundo, ella le prometió que lo haría en su momento. Y, una vez más, cumplió su palabra, escribiendo por las manos de su querido hijo, estas magníficas lecciones que son Cartas de una Muerta.

He aquí pues el libro de una madre al médium más profuso del siglo XX.

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