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ESPIRITISMO / Quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy….es sólo el principio

El Libro de los Espíritus

El Libro de los Espíritus por Allan Kardec

El Libro de los Espíritus por Allan Kardec

El Libro de los Espíritus, publicado el 18 de Abril de 1857 por Allan Kardec, es la obra fundamental de la filosofia espírita, donde se establecen los principios del Espiritismo o Doctrina (sinónimo de enseñanza) Espiritista sobre la inmortalidad del alma, la naturaleza de los Espíritus y sus relaciones con los hombres, las leyes morales, la vida presente, la vida futura y el futuro de la humanidad. Según la enseñanza impartida por los Espíritus superiores con la ayuda de diversos médiums. Recopilados y puestos en orden por Allan Kardec.

El Libro de los Espíritus contiene 1019 preguntas y respuestas.

Está dividido en 4 partes o libros:

Libro Primero: Las Causas Primeras

Libro Segundo: Mundo Espírita o de los Espíritus

Libro Tercero: Leyes Morales

Libro Cuarto: Esperanzas y Consuelos

PROLEGÓMENOS*

*(Incluído, tras la Introducción, al inicio de El Libro de los Espíritus)

Fenómenos que escapan a las leyes de la ciencia común se manifiestan por doquiera y revelan en su causa la acción de una voluntad libre e inteligente.
La razón dice que un efecto inteligente debe tener por causa a un poder inteligente, y ciertos hechos han probado que esa fuerza puede entrar en comunicación con los hombres mediante signos materiales.
Interrogada acerca de su naturaleza, dicha fuerza ha declarado pertenecer al Mundo de los Seres espirituales que se han desembarazado de la envoltura corporal del hombre. Así fue revelada la Doctrina de los Espíritus.
Las comunicaciones entre el Mundo Espírita y el corporal pertenecen al orden de la Naturaleza y no constituyen ningún hecho sobrenatural. De ahí que se encuentre la huella de tales comunicaciones en todos los pueblos y en la totalidad de las épocas.
Los Espíritus anuncian que son llegados los tiempos que la Providencia señaló para que se produjera una manifestación universal, y siendo ellos los ministros de Dios y agentes de su voluntad, su misión consiste en instruir e iluminar a los hombres, inaugurando una nueva era para la regeneración del género humano.
Este libro es la recopilación de sus enseñanzas. Ha sido escrito por orden y bajo el dictado de Espíritus superiores, para asentar los cimientos de una filosofía racional, libre de los prejuicios del sectarismo. No contiene nada que no sea la expresión de su pensamiento y que no haya sido controlado por ellos. Sólo el orden y la distribución metódica de las materias, así como las observaciones y la forma de ciertas partes de la redacción, constituyen la obra de quien recibió la misión de publicarlo.
Entre los Espíritus que cooperaron a la realización de esta obra, muchos vivieron en la Tierra, en diversas épocas, predicando y practicando la virtud y la sabiduría. Otros no corresponden, por sus nombres, a ningún personaje cuyo recuerdo haya perpetuado la historia, pero sus elevación es atestiguada por la pureza de su doctrina y su unión con aquellos que llevan nombres venerables.
He aquí los términos en que han dado ellos por escrito, y sirviéndose de diversos médiums, la misión de organizar este libro:

“Ocúpate con celo y perseverancia de la tarea que has emprendido con nuestro concurso, porque este trabajo es nuestro. En él hemos sentado las bases del nuevo edificio que se eleva y que debe un día reunir a todos los hombres en un mismo sentimiento de amor y caridad. Pero, antes de publicarlo lo revisaremos juntos, a fin de controlar todos sus pormenores.
Contigo estaremos cada vez que lo pidas y para ayudarte en tus otras labores, pues ésta sólo constituye una parte de la misión que se te confía, y que te ha sido revelada ya por uno de nosotros.
Entre las enseñanzas que se te imparten hay algunas que debes guardar para ti solo, hasta nueva orden. Nosotros te indicaremos cuando haya llegado el momento de publicarlas. En el ínterin, medítalas, a fin de estar preparado cuando te avisemos.
Pondrás a la cabecera del libro el sarmiento que te hemos dibujado, porque es el emblema del trabajo del Creador. Todos los principios materiales que mejor pueden representar al cuerpo y al Espíritu se hallan reunidos en él: la rama representa al cuerpo. El Espíritu es el licor. El alma o Espíritu unidos a la materia constituyen el grano. El hombre destila el Espíritu por medio del trabajo, y tú sabes que sólo por el trabajo del cuerpo adquiere el Espíritu conocimientos.
No te desaliente la crítica. Hallarás contradictores encarniza-dos, en modo especial entre aquellas personas interesadas en los abusos. Inclusive los encontrarás entre los Espíritus, porque los que no se hallan del todo desmaterializados tratan a menudo de sembrar la duda, ya se por malicia o bien por ignorancia. Pero sigue siempre adelante. Cree en Dios y marcha con confianza. Nosotros estaremos allí para sostenerte, y está cerca el tiempo en que la verdad destellará por doquier.
La vanidad de ciertos hombres, que creen saberlo todo y quieren explicarlo todo a su manera, engendrará opiniones disidentes. Pero todo los que tengan presente el gran principio de Jesús se confundirán mediante un vínculo fraternal, que abarcará al mundo entero. Dejarán a un lado las míseras discusiones por palabras para no ocuparse más que de las cosas esenciales, y la Doctrina será siempre la misma, en lo que respecta al fondo, para todos aquellos que reciban las comunicaciones de los Espíritus superiores.
Con la perseverancia llegarás a cosechar el fruto de tus trabajos. El placer que experimentarás al ver a la Doctrina difundirse y ser bien comprendida será para ti una recompensa, cuyo valor conocerás en su totalidad, quizá más en el porvenir que en el presente. No te inquietes, pues, por los espinos y las piedras que sembrarán en tu camino los incrédulos o los malvados. Conserva la confianza: con ella alcanzarás la meta, y merecerás ser ayudado siempre.
Acuérdate de que los Buenos Espíritus no asisten sino a quienes sirven a Dios con humildad y desinterés, y en cambio repudian a cualquiera que busque en la senda del Cielo un escalón para las cosas de la Tierra. Aquéllos se apartan del orgulloso y del ambicioso. Orgullo y ambición constituirán siempre una barrera entre el hombre y Dios. Son un velo arrojado sobre las celestes claridades, y Dios no puede valerse del ciego para hacer comprender la luz”.
SAN JUAN EVANGELISTA. SAN AGUSTÍN. SAN VICENTE DE PAÚL. SAN LUIS. EL ESPÍRITU DE VERDAD. SÓCRATES. PLATÓN. FENELÓN. FRANKLIN. SWEDENBORG. ETCÉTERA.

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