Ángel de la Guarda, Espíritu Protector o Guía Espiritual

Recuerdo cuando era niña mi padre me enseñaba a rezar así:

Ángel de la Guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día.”

Él tenía una educación católica y me hablaba de los ángeles guardianes como unos seres alados que nos acompañaban y protegían. Vi muchas de esas hermosas criaturas con alas en las pinturas y esculturas religiosas y muchas veces las representaban cuidando y acompañando a los niños pequeños en el campo o a su vera, junto a la cama.

Pero… ¿Quiénes son estos seres? ¿Realmente existen? ¿Es cierto que todos gozamos de tan maravillosa compañía?

Este artículo ha sido redactado con el objetivo de desarrollar el tema en cuestión, basándonos en las enseñanzas que al respecto encontramos en las obras espíritas.

Al estudiar las obras de la codificación aprendemos que al volver a la tierra, el espíritu trae consigo deudas contraídas por faltas cometidas en existencias anteriores, que debe saldar; lecciones pendientes de aprender a través de su existencia corporal; tareas por cumplir a las cuales se comprometió en el plano espiritual; y una serie de compromisos asumidos a fin de acelerar su avance en la senda evolutiva. Debido a la inferioridad moral en la que se encuentra, necesita una guía constante que lo ayude a no desviar el camino de redención escogido. Es por ello que al reencarnar se le asigna una entidad espiritual que le supera en moralidad y sabiduría, a fin de que no esté solo ni exento de orientación y amparo.

Esta entidad, la cual comúnmente llamamos Ángel de la guarda, es un Espíritu protector de orden elevado al que se le ha asignado o ha escogido la misión de tutelar a otro espíritu durante su encarnación terrestre.  Es conocido también como guía espiritual y permanece con su protegido desde el nacimiento hasta la muerte, muchas veces continúa como su mentor más allá de la pérdida del cuerpo físico e incluso en varias reencarnaciones. Esto no le impide que pueda proteger a otros individuos, pero lo hace menos exclusivamente.

Al ser un espíritu superior, no es necesario que permanezca todo el tiempo literalmente a nuestro lado; pues para las entidades de esta categoría el espacio no es nada y aunque vivan en otro mundo conservan su vínculo con el nuestro e influyen en nosotros independientemente de la distancia. Para quienes les cueste un poco entender esto, pueden hacer una analogía con nuestro Sol que, a pesar de encontrarse a 150 millones de kilómetros, beneficia la vida en la Tierra con sus rayos.

Léon Denis, su obra Después de la Muerte, nos dice:

Y cuanto más se purifica el espíritu, más inmensa, más ardiente se hace en él la necesidad de amar, de atraer hacia su luz y hacia su felicidad, hacia la mansión donde el dolor es desconocido, a todo el que sufre, a todo el que lucha y se agita en los abismos de la existencia inmortal. Cuando uno de estos espíritus adopta a uno de sus hermanos inferiores y se convierte en su protector, ¡con cuánta solicitud afectuosa guía sus pasos, con cuánto júbilo ve sus progresos, con cuánta amargura comprueba sus caídas que no ha podido prevenir! Como el niño, fuera de la cuna, ensaya sus primeros pasos bajo la mirada enternecida de la madre, así el espíritu protegido se ensaya en los combates de la vida bajo el amparo invisible de su guía espiritual.

Todos tenemos uno de estos genios tutelares que nos inspira y nos dirige en las horas difíciles. De ahí la poética leyenda cristiana del ángel guardián. No hay pensamiento más dulce y consolador. Saber que un amigo fiel nos es adicto y está siempre dispuesto a socorremos, tanto de cerca como de lejos; a influenciarnos desde largas distancias como a permanecer a nuestro lado durante el padecimiento; a aconsejarnos por medio de la intuición, reconfortándonos con su amor, eso constituye un venero inapreciable de fuerza moral. El pensamiento de que unos testigos benévolos e invisibles ven todas nuestras acciones y se entristecen o se regocijan con ellas, nos inspira más prudencia y circunspección.

El Espíritu protector se comunica con su protegido fundamentalmente a través del pensamiento. Lo inspira, irradia sobre él vibraciones saludables, lo alerta sobre los posibles peligros, etcétera; pero siempre respeta su libre albedrio. Es por esto que su acción sobre nosotros es oculta, dejándonos creer que son nuestras cavilaciones las que nos traen determinados pensamientos y así tomar nuestras propias decisiones, ejerciendo nuestras habilidades. De esta manera somos responsables por nuestro modo de actuar favoreciendo nuestro adelantamiento evolutivo, pues si recibiéramos esta ayuda de manera ostensible no actuaríamos por nuestra cuenta, no habría crecimiento. Sin embargo al creernos solos, nos entregamos a nuestras propias fuerzas y actuamos por nosotros mismos; aunque él siempre nos vigila y está al tanto nuestro.

Debido a la manera tan sutil que utilizan los Guías espirituales para comunicarse debemos esforzarnos para favorecer esta sintonía. Es importante que vigilemos la calidad de nuestros pensamientos y que nuestras acciones y palabras sean siempre medidas con la vara de la indulgencia y la benevolencia hacia los demás. Cultivar pensamientos elevados aumenta nuestro patrón vibratorio y facilita la comunicación con la espiritualidad superior, en este caso con nuestro Mentor que es a quien nos referimos, predisponiéndonos al bien y haciéndonos más dóciles a sus consejos. La oración sincera es otra manera de favorecer esta receptividad y el trabajo edificante nos acerca a ellos.

Cuando a pesar de los consejos y esfuerzos del Protector, el encarnado persiste en sus malas inclinaciones, desoyéndolo y complaciéndose con la compañía de entidades inferiores, este lo deja a su albedrio pero no lo abandona completamente. Siempre está pendiente de su protegido, aconsejándolo y sugiriéndole buenos pensamientos que lamentablemente no escucha siempre. En este caso sufre por los errores del encarnado pero esa aflicción no es angustiosa puesto que sabe que hay remedio para el mal y que lo que no hace ahora, lo hará más adelante. Es válido aclarar que cuándo el Espíritu protector deja que su protegido se extravíe en la vida, no es por su impotencia o porque no puede, sino porque no quiere. Su protegido saldrá entonces de las pruebas, más perfecto y más instruido.

Existen ocasiones en las que el Espíritu protector debe cumplir otra misión, entonces es sustituido por otro Espíritu con igual nivel evolutivo que continuará la tarea de Guía espiritual de quien hasta ese momento asistía. De esta forma, siempre estamos protegidos y continuaremos estándolo hasta que llegue el momento en que no tengamos necesidad de un Ángel guardián; esto es cuando hayamos evolucionado tanto que seamos capaces de poder conducirnos por nosotros mismos.

Además de nuestro Ángel guardián, que como ya dijimos es siempre un Espíritu superior, tenemos a otros Espíritus protectores, que no por ser menos elevados son menos buenos y benévolos; estos son o parientes o amigos, o algunas veces personas que nosotros no hemos conocido en nuestra existencia actual. Frecuentemente nos asisten con sus consejos y con su intervención en los actos de nuestra vida ya que cuando han dejado la Tierra en buenas condiciones pueden siempre proteger a los que les son simpáticos; pero su poder es más o menos restringido y la posición en que se encuentran no les deja siempre toda la libertad de actuar. Como la protección supone un cierto grado de elevación y además un poder y una virtud concedida por Dios, el familiar que protege al encarnado puede a su vez estar asistido por un Espíritu más elevado.

Las aglomeraciones de individuos, como las sociedades, ciudades y naciones, tienen también sus Espíritus protectores especiales porque esas reuniones son individualidades colectivas que marchan con un objetivo común y que tienen necesidad de una dirección superior. Ciertos Espíritus pueden cooperar al progreso de las artes y las ciencias. Los antiguos hicieron divinidades especiales como las Musas, que no eran otra cosa que la personificación alegórica de los Espíritus protectores de las ciencias y las artes; y los lares y penates que era como designaban a los Espíritus protectores de la familia. Entre los modernos, las artes, las diferentes industrias, las ciudades, los continentes, tienen también sus patronos protectores, que no son otros que los Espíritus superiores, pero bajo otros nombres. Teniendo cada hombre sus Espíritus simpáticos, resulta que en las colectividades, la generalidad de los Espíritus simpáticos está en relación con la generalidad de los individuos; que los Espíritus extraños son atraídos por la identidad de gustos y pensamientos, en una palabra, que esas reuniones, lo mismo que los individuos, están mejor o peor rodeadas, asistidas e influidas según la naturaleza de pensamientos de la multitud. Entre los pueblos, las causas de atracción de los Espíritus son las costumbres, los hábitos, el carácter dominante y sobre todo las leyes, porque el carácter de una nación se refleja en sus leyes.

Entonces, podemos concluir que todos tenemos un buen Espíritu que se une a nosotros desde el nacimiento y nos ha tomado bajo su protección. Cumple junto a nosotros la misión de un padre para con su hijo: la de conducirnos por el camino del bien y del progreso a través de las pruebas de la vida. Es feliz cuando correspondemos a su solicitud; sufre cuando nos ve sucumbir.

Liliana Lezcano
Liliana Lezcano autora del artículo es enfermera, y espírita desde los 12 años.

¿Su nombre?… Poco nos importa, porque puede ser que no tenga nombre conocido en la Tierra. Lo invocamos como nuestro Ángel guardián, Espíritu protector, Guía, Mentor o Amigo; podemos también llamarlo con el nombre de un Espíritu superior cualquiera por el que sintamos más simpatía y veneración, porque todos los Espíritus buenos son hermanos y se asisten entre sí. Sea cual fuere el nombre que le demos, él siempre acudirá a esa llamada.

 

Liliana Lezcano

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¿Qué o quién es el ángel de la guarda o guía espiritual?

Es un Espíritu protector de orden elevado al que se le ha asignado o ha escogido la misión de tutelar a otro espíritu durante su encarnación terrestre.

¿Nos puede abandonar el ángel de la guarda?

Nunca nos abandona, permanece con su protegido desde el nacimiento hasta la muerte, y muchas veces continúa como su mentor más allá de la pérdida del cuerpo físico e incluso en varias reencarnaciones.

¿Hay otros espíritus además de nuestro guía para protegernos?

Sí, Espíritus protectores, Espíritus familiares, y otros que sintonizan con aquello que hacemos.