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ESPIRITISMO / Quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy….es sólo el principio

El Espiritismo / Mario Méndez Bejarano

El Espiritismo por Mario Méndez Bejarano

Historia de la filosofía en España hasta el siglo XX

El Espiritismo

Capítulo XVII El Siglo de las Luces

Primeras manifestaciones en España. –Su desarrollo desde 1855 a 1865. –Excomuniones y autos de fe. –Periodo revolucionario. –Apogeo del espiritismo. –Centros y publicaciones. –«Roma y el Evangelio» y «Marieta». –Exposición a las Cortes de 1873 para incluir el espiritismo en los planes de enseñanza oficial. –Propagandistas. –Primer Congreso internacional espiritista en Barcelona en 1888. –Congreso de París en 1889. –Ortodoxia cardeciana española. –Muerte de Fernández Colavida. –Centro barcelonés de estudios psicológicos. –Sorprendentes fenómenos. –Congreso espiritista de Madrid. –Más centros y publicaciones. –El Dr. Sanz Benito. –Decadencia. –Clínica hidromagnética. –Fenómenos fraudulentos. –Congreso de París en 1900. –Carácter del espiritismo español. –García López. –Fernández Colavida. –Vives. –Torres Solanot. –Huelbes Temprado. –González Soriano. –S. Sellés. –Amalia Domingo. –Navarro Murillo. –García Gonzalo. –Palasí.–Melcior. –Quintín López.

El Espiritismo, como la mayoría de los movimientos intelectuales, comenzó en España por la región andaluza. Carecen de valor histórico casi todos los antecedentes que cita el Sr. Menéndez y Pelayo. Podrán constituir una vanguardia ideológica, pero no hechos concretos de doctrina, pues todos son anteriores a 1840, fecha en que se observaron los primeros fenómenos calificados de espíritas y aún tardó años en llegar su conocimiento desde los Estados Unidos a nuestra nación. Nada se recuerda anterior a la creación de la Sociedad espiritista establecida en Cádiz el 1855. Este primer núcleo, a instancias de la autoridad eclesiástica, fue disuelto el cónclave en 1857 por la civil.

También en 1857 se publicó con el titulo de Luz y verdad del espiritualismo. Opúsculo sobre la exposición verdadera del fenómeno, causas que lo producen, presencia de los espíritus y su misión, el primer libro espiritista, editado por la Sociedad citada anteriormente. Condenado por el Obispo, con su tirada se celebró un auto de fe. Consistió el segundo auto en la pública cremación de las obras de Kardec en 1861. En el mismo año vio la luz la Carta de un espiritista, por Alverico Perón, a quien Menéndez y Pelayo tomó por un autor francés, a D. Francisco de P. Canalejas, en 1868, La fórmula del espiritismo, por el mismo autor, cuyo verdadero nombre era el de Enrique Pastor y Bedoya, decano del espiritismo en Madrid, notable economista y literato, aunque algo crédulo, que falleció en 1897.

Desde 1861 hasta 1865, se funda en Sevilla la segunda sociedad espiritista, dirigida por el General Primo de Rivera, y en Madrid la Sociedad Espiritista Española, que Menéndez y Pelayo cree con error la más antigua, y luego se fundió con la «Sociedad Progreso-Espiritista» y otros innumerables grupos. El núcleo sevillano fue de los más importantes dentro de la nueva dirección, así como la Sociedad Barcelonesa, que editó y divulgó las obras de Allan-Kardec.

Dos años después, en 1867, verifícase en Madrid el tercer auto de fe con la obra Noción del espiritismo, del Da. Joaquín Huelbes Temprado, y en 1868 comienza la época de engrandecimiento del espiritismo, pues al estremecimiento de la revolución que despertó la conciencia española y la abrió en todas direcciones, se establecieron varios centros en Soria, Andújar y otros puntos. En Madrid se reunió el núcleo de la Sociedad Espiritista Española, que fundó la revista El Criterio, titulada más tarde El Criterio Espiritista y que acabó llamándose La Fraternidad en 1893 ó 1894.

Desde entonces, hasta el 1876, surgen innumerables centros espiritistas.

En Sevilla se inició una Sociedad Espiritista, la cual editó el periódico El Espiritismo, segundo de los periódicos publicados en España y uno de los mejor escritos. Resucitó la Sociedad de Cádiz, se crearon otras en Andalucía y Extremadura, entre ellas una de mujeres en Torre de Miguel Sesmero (Badajoz); apareció la Sociedad Barcelonesa de Estudios Psicológicos con su Revista Espiritista, fundada por José María Fernández Colavida, traductor de Kardec, y se erigió en Tarragona el Centro «Fraternidad humana», de que fue el alma Miguel Vives.

Por el mismo tiempo el Dr. D. Manuel Ansó y Monzó fundó en Alicante la revista La Revelación y la Sociedad Espiritista Alicantina, en que figuró D. José Pastor de la Roca (1824-75), cronista de Alicante.

El General D. Joaquín Bassols, ministro de la Guerra y uno de los más fervorosos, creó la Sociedad matritense «Progreso espiritista», llamada más tarde «Sociedad de Estudios Psicológicos», y un periódico titulado también El Progreso Espiritista, que se refundió en El Criterio. Lérida debió su «Circulo cristiano espiritista» a los profesores de la Normal D. Domingo de Miguel y D. José Amigó Pellicer, fundador este último de la revista El Buen Sentido. Córdoba, Almería, Soria, Huesca, Granada, Valencia, Murcia, Málaga, Santander, Castellón, León, Logroño, Ciudad Real, Santa Cruz de Tenerife, Andújar, Sabadell, Alcalá la Real, &c., tuvieron sociedades más o menos florecientes y publicaron periódicos tales como El Espiritualismo (Ciudad Real); La Caridad (Santa Cruz de Tenerife); La Luz del Cristianismo (Alcalá la Real); Lucifer, La Luz de la Verdad y La Luz del Porvenir, distintas etapas del mismo periódico, en Gracia (Barcelona), y El Faro Espiritista (Tarrasa), todos los cuales mantuvieron vivas polémicas con católicos, protestantes y materialistas.

El Espiritismo, fundado en Sevilla en 1869 por Francisco Martí, vivió hasta 1878, o sea dos años después de muerto su fundador, sostenido por la viuda, hasta que la autoridad lo suprimió con fútil pretexto.

El grupo de Alcalá la Real, que tuvo por órgano La Luz del Cristianismo, dirigido por el activo e inteligente facultativo Dr. Miguel Ruiz Matas, y el nutrido y entusiasta de Loja, que tenía por médium al simpático Rafael del Rosal, fueron los más importantes de Andalucía, cuando en Sevilla decayó el espiritismo. Ambos grupos perduraron muchos años. Por esta época se editaron Exposición y defensa de las verdades fundamentales del espiritismo (1867), por Anastasio García López; La defensa del espiritismo, de Miranda y Adot; El espiritismo, epístola de Fabio a Antino, por José Palet y Villalba; La religión moderna, Algunas ideas acerca del espiritismo, Máximas y consejos. Consejos de Cervantes, Apuntes sobre espiritismo y moral (1870), por Ermido la Key; Tratado de educación para los pueblos (1870); Marieta (1870), novela editada por los espiritistas de Zaragoza; Estudios acerca del progreso del espíritu, según el espiritismo (1871), por Medina; Crisálida, por Diodoro de Tejada; La síntesis del espiritismo, por los espiritistas de Alicante; Un hecho, la magia y el espiritismo, de Baldomero Villegas (1872), insigne cervantista; Impresiones de un loco y Exposición compendiada de la doctrina espiritista (1872), del comandante D. César Bassols, hijo del general; La religión moderna, de Medina; Preliminares al estudio del espiritismo y El catolicismo antes de Cristo (5ª edición en 1890), por el vizconde de Torres Solanot; Roma y el Evangelio; El Universo espiritista (1875), de D. Víctor Oscariz; Controversia espiritista a propósito de los hermanos Davenport (1875), por Torres, y los Almanaques espiritistas, aparte de algunos otros folletos, catecismos y publicaciones anónimas, sin contar las novelas espiritistas como Celeste, por losada; Leila y Lazos invisibles, ambas de Dª Manuela Alonso Gainza; Ramo de boda y El coracero de Froesviller, por Enrique Manero; alguna comedia como El Wals de Venzano, por Antonio Hurtado, y varias fantasías como la Historia de Ultratumba, por el abogado D. Manuel Corchado, americano.

De todos estos libros, dos lograron más fortuna, Roma y El Evangelio y Marieta. El primero, dictado a Miguel Amigó y otros maestros de Lérida, contiene la exposición de la doctrina con rudos ataques a la iglesia católica, numerosos textos bíblicos en comprobación de los principios espiritistas y buen golpe de comunicaciones, algunas dignas de leerse, otras vulgares y vacías. La edición se agotó rápidamente y hoy es libro de extraordinaria rareza.

El segundo es una novelita de agradable lectura, sin interés doctrinal, que se supone dictada por los espíritus de los mismos protagonistas, Marieta y Estrella, a Suárez Artazu, gallego rudo e ignorante, según aseguran los que le trataron, y más espiritista del espíritu de vino.

Marieta, sencilla joven napolitana, fue el amor purísimo del militar andaluz Rafael. Estrella, dama granadina, sensual y orgullosa, apasionada de Rafael, consigue el amor del joven caballero, haciéndole creer que Marieta había desencarnado. La acción se traslada de la tierra al espacio. Tiene esta obra un aroma de poesía que seduce a los corazones predispuestos. Sin duda es lo mejor que en España ha producido la literatura espiritista.

La fiebre ascendía por momentos, los centros, los libros y las revistas se multiplicaban y la ola llegó a salpicar las regiones oficiales. En 1873, el día 26 de Agosto, se presentó a las Cortes Constituyentes una proposición redactada en los siguientes términos: «Los diputados que suscriben, conociendo que la causa primera del desconcierto que por desventura reina en la nación española en la esfera de la inteligencia, en la región del sentimiento y en el campo de las obras, es la falta de fe racional, es la carencia en el ser humano de un criterio científico a que ajustar sus relaciones con el mundo invisible, relaciones  hondamente perturbadas por la fatal influencia de las religiones positivas, tienen el honor de someter a la aprobación de las Cortes Constituyentes la siguiente enmienda al proyecto de ley sobre reforma de la 2ª Enseñanza y de las facultades de Filosofía y Letras y de Ciencias. El párrafo 3º del artículo 30, Título II, se redactará del siguiente modo: Tercero. Espiritismo.» Firmaban esta proposición D. José Navarrete, D. Anastasio García López, D. Luis J. Benítez de Lugo, D. Manuel Corchado y el Sr. Redondo Franco.

El encargado de defenderlo era Navarrete, pero no hubo lugar por haber ocurrido antes el golpe de Estado de 3 de Enero de 1874.

Los propagandistas más notables de esta época fueron, además de los ya citados, Modesto Casanovas, El Marqués de la Florida, Luis Román y Ricardo Ruiz, en Canarias; Manuel Navarro Murillo, en Soria; en Andújar, Bernardo Centeno y González Soriano, que escribió El espiritismo es la filosofía, sin duda lo más serio que sobre la materia se ha escrito, en que trata de explicar el espiritismo por la doctrina de Krause, con la cual tiene innegables analogías aun cuando los krausistas rechacen la comunicación; en Coruña, Florencio Pol, notario que se pasó más tarde a las huestes teosóficas; Miguel Sinués, Eduardo López del Plano y Bartolomé Castellón, en Zaragoza; Daniel Corchado; Huelbes Temprado; Alejandro Benisia, notable poeta y novelista sevillano; Anastasio García López; José Navarrete, autor de Fe del siglo; Rebolledo y Salaverría, en Madrid.

La restauración de la monarquía asestó golpe mortal para el espiritismo. No obstante, Huelbes y Torres Solanot publicaron artículos de propaganda en El Globo y La Tribuna. En 1879, el decidido joven D. Julio Fernández Mateos (1852-920), antiguo seminarista, editó en Sevilla El Espiritismo y dos años después El Faro (1881-6), uno de los mejores periódicos de la escuela, con el cual sostuve el año de su fundación animada y correcta controversia. Fernández Mateos padeció por sus ideas prisión, multas y destierro.

Fundóse algún que otro centro con periódico propio, como la «Sociedad sertoriana de estudios psicológicos», que publicó el Iris de Paz (1882-85), y el centro de Gerona, que tuvo también su periódico. En Cataluña se creó la «Federación espiritista del Valle», que luego se transformó en «Espiritista catalana», desapareciendo por falta de medios de subsistencia. Sostuviéronse varias polémicas; la más notable la del Vizconde de Torres Solanot con el agustino Fray Conrado Muiños y las de Amalia Domingo con Manterola y el P. Llanas, de las Escuelas Pías.

En 1888 tiene lugar el acto más importante y trascendental para el espiritismo, la celebración del primer Congreso internacional espiritista en Barcelona, convocado por el Centro barcelonés de estudios psicológicos. Concurrieron o se adhirieron al Congreso sesenta y ocho entre grupos, centros y sociedades peninsulares, seis coloniales americanos, diez de la América española, dos de los Estados Unidos, diez y seis franceses, cuatro belgas, dos italianos, uno ruso y otro rumano. Los periódicos representados ascendieron a veintisiete.

La sesión preparatoria se abrió en el Centro Barcelonés el día 8 de Septiembre, a las cuatro de la tarde, bajo la presidencia del Vizconde de Torres Solanot.

Allí se nombró la Mesa definitiva. Se designó a Fernández Colavida presidente honorario y se organizaron los futuros trabajos del Congreso.

Celebráronse tres sesiones públicas y cinco privadas. Las conclusiones aprobadas en el Congreso son las siguientes, que literalmente reproduzco:

El primer Congreso Internacional Espiritista afirma y proclama la existencia y virtualidad del Espiritismo, como la Ciencia integral y progresiva. Son sus

FUNDAMENTOS

Existencia de Dios.
Infinidad de mundos habitados.
Reexistencia y persistencia eterna del espíritu.
Demostración experimental de la supervivencia del alma humana, por la comunicación medianímica con los espíritus.
Infinidad de fases en la vida permanente de cada ser.
Recompensas y penas como consecuencia natural de los actos.
Progreso infinito.
Comunión universal de los seres.
Solidaridad.

CARACTERES ACTUALES DE LA DOCTRINA

1º Constituye una Ciencia positiva y experimental.
2º Es la forma contemporánea de la Revelación.
3º Marca una etapa importantísima en el progreso humano.
4º Da solución a los más arduos problemas morales y sociales.
5º Depura la razón y el sentimiento, y satisface a la conciencia.
6º No impone una creencia, invita a un estudio.
7º Realiza una grande aspiración que responde a una necesidad histórica.

Como consecuencia y desarrollo lógico de sus Principios, el Congreso Espiritista entiende que toda Asociación y todo adepto deben, por cuantos medios lícitos estén a su alcance, prestar su apoyo y cooperación a cuantas individualidades, colectividades o empresas civilizadoras llegue a conocer y por tanto aconseja:

A. El estudio de la Doctrina, en todo su múltiple contenido.
B. Su propaganda incesante por todo medio lícito.
C. La constante realización por la práctica de las más severas virtudes públicas y privadas.
Para el logro de sus fines, el Congreso Espiritista entiende que toda Asociación y adepto deberán considerar siempre a los restantes hombres de buena voluntad como hermanos para combatir el vicio, el error y los sufrimientos humanos. En su consecuencia aconseja:
D. El respeto profundo a todos los investigadores o propagandistas de la verdad, aun cuando no sean espiritistas.
E. El constante esfuerzo para difundir el laicismo por todas las esferas de la vida. La absoluta libertad de pensamiento, la enseñanza integral para ambos sexos y el cosmopolitismo como base de las relaciones sociales.
F. La Federación autónoma de todos los espiritistas.

Todo adepto pertenecerá a una Sociedad legalmente constituida; toda Sociedad mantendrá relaciones constantes con el Centro de su localidad; todo Centro local las sostendrá con su Centro Nacional, directamente o por el intermedio de Centros Regionales; cada Centro Nacional las sostendrá a su vez con los restantes. Todos siempre bajo la sola ley del amor mutuo, para obtener un día la fraternidad universal.

Finalmente, el Congreso Espiritista hizo constar que no conviene aceptar sin examen solidaridad doctrinal alguna con individuos o colectividades que desoigan los anteriores consejos.

Debe recordar también que ya Alian Kardec señalaba los peligros de la excesiva credulidad en las comunicaciones medianímicas. «Han de someterse al crisol de la Razón y de la Lógica, puesto que el solo hecho de la muerte no constituye un progreso.»

Barcelona, 13 de Septiembre de 1888.–El Presidente honorario, José María Fernández; Presidentes, El Vizconde de Torres Solanot, E. P., Leymarie Efisio Ungher, Doctor Huelbes Temprado; Vicepresidentes, Amalia Domingo y Soler, Facundo Usich, Juan Hoffmann, Pedro Fortoult Hurtado, Dr. Hércules Chiaia, Edward Troula, Miguel Vives; Secretarios, Dr. Manuel Sauz Benito, Eulogio Prieto, Modesto Casanovas, Narciso Moret.

En 1889 se reunió el Congreso Internacional Espiritista y Espiritualista de París.

Los delegados españoles representaron en el Congreso la pura ortodoxia kardeciana.

También en este año vio la luz Filosofía de lo maravilloso, por D. Estanislao Sánchez Calvo. Ignoro si este autor profesaba el espiritismo, pero de todos modos, su obra va en sentido favorable, pues justifica las alucinaciones, transmisión del pensamiento, apariciones de muertos y de vivos y toda la fenomenología espiritista, aceptando también los milagros con explicación no ortodoxa. Parece una obra de espiritismo disimulado.

Murió Fernández Colavida y se le erigió una tumba monumento en el cementerio civil de Barcelona con carácter de ofrenda colectiva de los espiritistas españoles e hispano-americanos. Después, un sobrino suyo, administrador de la Revista, sacó tanto partido del renombre por su tío adquirido, que llegaron los adeptos a tributar a éste un culto casi idolátrico, celebrándose sesiones anuales en su memoria, visitándose periódicamente el sepulcro y vendiéndose las fotografías de este sencillo monumento funerario como si fueran amuletos.

Por entonces se fundó la Biblioteca del Centro Barcelonés de estudios psicológicos, que editó el libro Después de la muerte, de Denis, y Defensa del espiritismo, de Vallace. Torres Solanot se encargó de la dirección de la Revista de estudios psicológicos, creada por Fernández, en la que se publicó la obra de Bonnemère, El alma al través de la historia.

De 1889 a 1891, siguió la propaganda sin grandes oscilaciones. La juventud escolar de Barcelona publicó sus Hojas de propaganda; Anastasio García López, Cosmología, Antropología y Sociología. Por esta época publicó D. Quintín López El catecismo romano y el espiritismo, y el Doctor D. José Otero Acevedo, Los fantasmas, traducción de la obra antes por él editada en lengua inglesa The phantasms of living, en cuyas páginas relataba sus experiencias medianímicas con la famosa Eusapia Paladino en Napóles. Este libro produjo en toda España gran sensación.

En Loja se multiplicaban los adeptos. El espiritismo se había fundido con la masonería. Todos los espiritistas eran masones del Gr... O... Esp... y se creó una logia de adopción a que pertenecieron bastantes señoras. El día del aniversario de la desencarnación del expositor Mr. Hipólito Rivail, conocido por Alian Kardec, el San Pablo del espiritismo, se verificaba anualmente una velada magna en el Teatro, a la cual solían concurrir representantes de casi toda Andalucía.

Ya entonces se destacaba en Barcelona la simpática figura del médico D. Víctor Melcior. Este ilustrado escritor asegura que en una larga serie de sesiones experimentales verificadas en casa del médico militar D. Francisco Pares Llansó, a los que asistían el Vizconde de Torres Solanot y algunas personas más, se obtuvo por mediación de la señora de Pares y del niño Juanito Grau, cuanto de más notable se ha registrado en semejante clase de experiencias: chispas, lucecitas, vapores luminosos como nubes (corrientes ódicas) y luces del tamaño de una cabeza humana, bicorporeidad de la médium probada en distintas ocasiones (salida del cuerpo astral); cuerpo fantásmico materializado, lo que se comprobó con innumerables ataduras; desatomización del cuerpo de tela interior que llevaba la medium previamente imposibilitada por las ligaduras, así como en otra ocasión por pase de las enaguas sobre el vestido, ruidos muy variados, golpes fuertes, campanilla agitada en el aire, ruido especialísimo como el de rasgar una pieza de seda en la extensión de un metro; dibujos sorprendentes hechos en un par de minutos hallándose el médium en período convulsivo; comunicación precipitada sobre un papel en plena luz y ejecutada en un instante, resultando un trascendental pensamiento místico en nueve idiomas diferentes; escritura directa, aportes, transportes, visiones de manos grandes y pequeñas, y otros fenómenos de gran significación, y después de haber presenciado tanto hecho insólito, no hallando en su cerebro explicación que encajase en los conocimientos científicos admitidos, debía necesariamente aceptar la intervención de los espíritus. Con tal convicción, se lanzó a la propaganda activa con ardor de apóstol, pero al mismo tiempo persiguiendo con febril actividad el estudio de todas las obras de hipnotismo, magnetismo, ciencias ocultas, psicología, psicopatía, &c., que podían llegar a sus manos.

En 1892 se celebró el Congreso de Madrid, menos notable que el de Barcelona. El presidente fue D. Anastasio García López y el local el salón de la Sociedad El Fomento de las Artes. La sesión preparatoria tuvo lugar el 19 de Octubre, la inaugural el 20 y las restantes en los días 21, 22, 23 y 24. Hubo muchos discursos, muchas poesías, pero nada práctico. Cristóbal Colón sirvió de tema a la mayoría de los trabajos, pues coincidía el Congreso con el centenario del descubrimiento de las Américas.

Las conclusiones resultaron análogas a las del Congreso de Barcelona. En el mismo año se fundó el periódico La Irradiación y se constituyó en Madrid la Sociedad de Estudios psicológicos, especie de protesta de la Fraternidad Universal. Alma de la corporación fueron Acevedo, García Torres y D. Tomás Sánchez Escribano, renombrado médium que tenía un establecimiento de aparatos quirúrgicos en la calle de Atocha, frente a la facultad de Medicina.

En 1893 aparecieron los periódicos Lumen (semanal y con grabados), dirigido por D. Quintín López; el Boletín de la Federación espiritista catalana y El Espiritismo, en Barcelona; Luz espírita, en Madrid; El guía cristiano, en La Unión, y La Revelación, en Alicante. Publicó Acevedo Los Espíritus, Mendoza Destellos de lo infinito y la Biblioteca del Centro Barcelonés Orígenes y formas. Se organizó el grupo de investigaciones psíquicas y se dieron distintos mítines en Barcelona, Mataró, Badalona, Sabadell, Tarrasa y otras localidades de Cataluña.

En esta misma época, disgustados los estudiantes católicos de Metafísica de la Universidad de Barcelona por las explicaciones y propaganda espiritista que hacía desde su cátedra el Dr. D. Manuel Sanz y Benito (1860-911), se amotinaron y viose obligado el profesor a aprovechar la ocasión de trasladarse a Valladolid, donde continuó sus trabajos, si bien no tan activamente como en Barcelona, temeroso quizá de nuevos escándalos. Pasó a la Universidad de Madrid y falleció poco después, dejando muchas obras impresas y grato recuerdo de su caballerosidad y buena fe. Figuró entre los espiritistas que adoptaron el método de Krause y dio a la publicidad La ciencia espírita (1896) con prólogo de Torres Solanot, La Psiquis (1900), algunas conferencias y varias obras más.

Desapareció la Federación y se fraccionó el Centro Barcelonés, naciendo El Cosmopolita, inspirado por Ángel Aguarod y por Balaña. El Centro Barcelonés publicó la traducción de la Psicología transformista de Bourgés, y Escribano, en Madrid, imprimió distintos folletos. También desaparece en este año El buen sentido, de Lérida. En 1894 vuelven a unirse el Centro Barcelonés y el Cosmopolita. El Lumen publicó Concordancia del Espiritismo con la ciencia, y a fin de este año se fusiona el dicho periódico con la Revista de estudios psicológicos, pasando a ocupar don Quintín López la jefatura de la Redacción, y conservando la dirección el Vizconde de Torres Solanot, ya reblandecido del cerebro y con amagos de apoplejía.

En el local de la Revista de Estudios psicológicos se estableció una clínica hidro-magnética y un gabinete de lectura. De la mencionada clínica fue médico Director D. Víctor Melcior, auxiliado por el Dr. Cembrano, durante cuatro años. Melcior realizó esfuerzos increíbles de abnegación. Casi solo, asistía diariamente amore Dei a más de cuarenta enfermos, sosteniendo también consultas médicas por correo con todos los puntos de España y realizando centenares de curaciones que, según él mismo dice, no puede atribuir más que al contagio de su fe inculcada a los enfermos.

Por esta fecha D. José Muñoz López, de Yecla, publicó varios artículos sobre los éxitos de la fotografía espiritista obtenidos en Crevillente con la médium doña Dolores Más. Fundóse El deber familiar, por Fabregat, joven y entusiasta gaditano, residente en Barcelona, quien tuvo asimismo impulsos altruistas, y durante un año próximamente brindó sus consejos gratuitos en su casa, asi como su fluido y su sugestividad a algunos pacientes que acudían en demanda de alivio a sus dolencias.

No correspondieron a tan útiles trabajos los de los espiritistas madrileños, pues en casa de D. Miguel Vives tuvieron las célebres sesiones de aportes con María Sala, en las que se demostró la existencia de fraude con las naturales consecuencias. De 1895 a 1896, inclusive, el Dr. Otero Acevedo publicó Lombroso y el Espiritismo y escribió unos artículos calificando al Vizconde de Torres Solanot de fanático y trayendo a colación su impericia cuando experimentó con la médium de las flores, señora de gustos muy refinados y afanosa de lucir, que, en unión de su hija, sacaron al Vizconde varios miles de pesetas, embaucándole con fraudulentos fenómenos. El grupo de investigaciones que se había establecido en el local de la Revista experimentó con la pretendida médium María Sala, informando en sentido negativo de su mediumnidad.

En estos años continuaron los mítines espiritistas, se publicaron los periódicos Sócrates y Rayo de Luz, de breve existencia; desapareció la Fraternidad, de Madrid, y vio la luz La estrella polar, de Mahón.

En 1897 publicó el Sr. Melcior la traducción de la obra del Conde de Rochas Exteriorización de la motilidad, a la que puso un brillante prólogo el Dr. Sánchez Herrero; se desunieron la Revista de estudios psicológicos y el Centro Barcelonés, el cual empezó a publicar la Unión espiritista, órgano de los Centros unidos de Cataluña, y desapareció la Revista de estudios psicológicos.

En el año siguiente, 1898, reaparece Lumen con franca tendencia progresiva, que desagradó a sus correligionarios. Quintín López, que dirigía la revista, publicó también Magia teúrgica y Vuestras fuerzas.

El Congreso de París celébrase en 1900 y a él asisten Aguarod y Esteva, Quintín López, Víctor Melcior y Eugenio García Gonzalo, presentando cada uno una Memoria impresa tituladas Omniteísmo, Evolución, El peri-espíritu y las enfermedades y Narraciones, respectivamente. En el mismo año publicó el Sr. Melcior La enfermedad de los místicos, un trabajo científico muy digno de ser leído.

En 1901 levanta Aguarod el Colegio de niños y el Centro espiritista «Sócrates». Publicó Escribano en Madrid El mundo antes de la creación del hombre. Lumen celebra unos juegos florales espiritistas en Sabadell y el Centro Barcelonés de estudios psicológicos verificó otros en Barcelona.

En 1902 se publicaron Luz y unión, en Barcelona; en Málaga, El Amor al progreso, y la Aurora boreal, en Yecla.

D. Quintín López imprimió en 1903 el libro Doctrina espiritista, en el mismo año el Sr. Melcior Los estados subconscientes y las aberraciones de la personalidad y el señor García Gonzalo Concepto de la Ciencia.

Cesan la revista Amor al progreso y La Aurora, y aparece La Evolución, dirigida por D. Manuel Navarro y Murillo. Algunos elementos del Centro Barcelonés, agrupados con Aguarod, forman el núcleo Amor y Ciencia.

En 1904 sólo puedo citar la aparición de la revista La vida futura, que dejó de existir en el mismo año.

El espiritismo español es francamente ortodoxo. Las tentativas de los pensadores independientes han hallado antipatía en la masa. España es ortodoxa en todo, hasta en la heterodoxia. Todavía, a pesar del eclipse que sufre el espiritismo, hay gran número de espiritistas más o menos vergonzantes. Entre el elemento popular se constituyen muchos Centros, donde sólo se trababa en comunicaciones y «dar luz» a los desencarnados. En casi todos hay su Santón dispuesto a que se le reverencie y se le consulte.

Añadiré dos palabras acerca de las más importantes personalidades del espiritismo español. D. Anastasio García López fue un hombre de clara inteligencia, de notable sinceridad y animado del más noble deseo. Era médico de baños y practicaba la homeopatía; publicó varios libros profesionales. Sus obras de espiritismo son: Exposición y defensa de las verdades fundamentales del espiritismo, Refutación del materialismo, La magia del siglo XIX y Conferencias sobre Cosmología, Antropología y Sociología. Fue masón y presidente de la «Sociedad espiritista española». En sus últimos años trató de constituir una masonería espiritista.

D. Antonio de Torres Solanot, Vizconde de Torres Solanot, de carácter opuesto a Vives, si de algo pecó, fue de bonhomie y de excesiva credulidad, circunstancia fisiológica o mejor, patológica, como prueba la dolencia cerebral que le arrastró al sepulcro. Entre sus escritos figura La médium de las flores; Preliminares al estudio del espiritismo (1872); Controversia espiritista a propósito de los hermanos Davenport (1875); Defensa del espiritismo (1878); El catolicismo antes de Cristo, La religión laica, Los fenómenos espiritistas, Noticias de las investigaciones hechas durante los años de 1870-3 por William Crookes (traducción) y artículos en El Globo.

D. José María Fernández Colavida, hombre de regular ilustración, amigo de figurar en primera línea, enemigo de la religión católica y autor de El Infierno o la Barquera del Júcar, así como de varios libritos de oraciones para todos los trances de la vida, mostró contra el Congreso espiritista una animosidad que nadie esperaba.

D. Miguel Vives, sujeto de noble corazón, que ejercía la medicina homeopática, considerado como un semimesías entre los más alucinados espiritistas, era hombre de  gran verbosidad y condiciones para atraer a un público de escasa cultura. Pobre de conocimientos, leía con predilección, y acaso a título exclusivo, los tratados de Alian Kardec, y el Libro de oraciones, desechando o desconociendo cuantos trabajos de psiquismo se deben a los Rochas, Binet, Ochorowictz, Janet, Gibier, &c., y compuso Guía práctica del espiritista.

D. Joaquín Huelbes Temprado era poeta, doctor en cuatro facultades y, según aseguran los que lo conocieron, el más prodigioso médium de que se guarde noticia, pues reunía sin excepción y en el más alto grado todas las mediumnidades. Dejó impreso Catecismo para mis hijos y Noción del espiritismo (Bayona, 1867). En las Memorias del Círculo Magnetológico espiritista se halla una de Huelbes, sobre la voluntad y el fluido.

D. Manuel González Soriano, alto empleado de Telégrafos, a juzgar por sus obras tenía temperamento de filósofo. Su instrucción no era mucha, pero sí poseía vigor de pensamiento. Su obra principal se titula El Espiritismo es la filosofía. El propósito de esta obra consiste en la exposición del kardecianismo, justificándolo por el método de Krause.

No sin fortuna, el autor sigue el proceso analítico del filósofo alemán desde la percepción inmediata del yo hasta la vista real del Principio, sin más que sustituir aquellos conceptos, tales como los de tiempo y espacio (infinitos relativos de Krause), en que el espiritismo se hace incompatible con el pensador que sirve al autor de guía, o desenvolver con arreglo a su doctrina lo que en la sintética puede apoyarse, por ejemplo, la pluralidad de existencias.

D. Salvador Sellés, nacido en Alicante el 1848, publicó Hacia lo infinito (1878), colección de poesías, y El temblor de tierra (1878), poema también espiritista. Con sus ochenta años y su cabeza firme, el simpático anciano ha seguido publicando libros ya en nuestro siglo. Redactó en verso el epitafio de Dª Amalia Domingo.

Doña Amalia Domingo y Soler (1835-909), como mujer y poetisa, obedece a la voz del sentimiento. Ve una desgracia y, sintiendo deseos de trasladar al papel sus emociones, redacta un capítulo de novela de fondo espiritista. Su dicción es buena, el estilo correcto y el tono profundamente simpático. Nació en Sevilla, así como la librepensadora doña Ángeles López de Ayala, aunque muchos las crean catalanas por su larga residencia en Barcelona. Abandonada ella y su madre por sus respectivos maridos, tuvo que trabajar materialmente. Muerta su madre, se trasladó a Madrid, donde pasó hambre, y un médico la inició en el espiritismo en 1873. Dirigió durante veinte años La luz del porvenir (fundada en 1878) y aún halló alientos para contender con el P. Manterola, el P. Llanas, el P. Fita y el P. Sallarés.

Doña Amalia es, sin disputa, la única escritora espiritista de algún mérito. Recuerdo entre sus obras ¡Te perdono!, En lo invisible, Memorias del P. Germán, El espiritismo refutando los errores del catolicismo romano, Ramos de violetas y Cánticos escolares.

D. Manuel Navarro Murillo, hombre algo chapado a la antigua, tuvo como autor predilecto a Kardec, pero al mismo tiempo leía y estudiaba. Publicó algunos libros, Armonía universal, obra medianímica, y su Memoria contra las corridas de toros obtuvo el premio en un certamen convocado por la Sociedad protectora de los animales y las plantas, de Cádiz.

D. Eugenio García Gonzalo formó con D. Quintín López y D. Víctor Melcior en el grupo más avanzado. No ha sido espiritista de mítines ni de veladas, sino de gabinete.

D. Fabián Palasí, aunque no desechaba lo nuevo, tampoco logró sacudir la influencia de las obras de Kardec. Conozco de él Moral humana y Renacimiento o pluralidad de vidas planetarias.

De cuantos espiritistas quedan hoy, la figura más interesante es la de Víctor Melcior, distinguido médico residente en Barcelona. Posee inteligencia clara y corazón hermoso; no sospecha en nadie aviesas intenciones; su laboriosidad es inagotable como su caridad.

Obrero ingenuo, busca desinteresadamente la verdad. Como escritor es muy estimable en cuanto al fondo. No así respecto a la forma literaria, de que él para nada se preocupa. El español es una lengua extranjera que conoce, pero no domina. El catalán es su idioma nativo; la mayor parte de sus lecturas son francesas, de suerte que no ha podido ni querido ser elegante escritor. Es sencillamente un buen médico, un investigador formal, un corazón sincero y, lo que vale más que todo, un hombre honrado. En el Ateneo de Madrid dio una conferencia muy aplaudida.

A Quintín López se debe, a más de los escritos citados, Filosofía Doctrinal, Hipnotismo fenomenal y filosófico, La mediumnidad y sus misterios, Los fenómenos psicométricos, El catolicismo romano y el espiritismo, Arte de curar por medio del magnetismo, Ciencia magnética, Magia Goética y Metafísica transparente.

Hoy el espiritismo, todavía muy extendido en las capas populares, desciende en rápido declive, arrollado por tres poderosos factores: la teosofía, el recrudecimiento de la tradición católica y los procedimientos cada día más analíticos de la ciencia occidental lanzada en brazos de la corriente positivista.

Mario Méndez Bejarano

Cursó estudios de Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Sevilla y alcanzó el grado de Doctor en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. En 1887 obtiene una cátedra de instituto en Granada y desde 1900 es catedrático en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid.

Participa activamente en la gestación de las ideas andalucistas que florecieron en los comienzos del siglo XX. Méndez Bejarano era miembro de la Sociedad de Buenas Letras de Sevilla, y tuvo gran resonancia su conferencia en 1907 “Idiosincrasia andaluza” en el Centro Bético de Granada. Por este tiempo es vicepresidente del Centro Regional Andaluz.

Su actividad en la política como diputado coincide con sus trabajos de promoción cultural, con la fundación y dotación a sus expensas de las bibliotecas públicas de Cazalla de la Sierra, Constantina y Lora del Río. Pero su inquietud intelectual no se circunscribe al andalucismo.​ También en otras ideas políticas, en movimientos renovadores y en incipientes ideas sobre feminismo.​

Entre sus obras debe destacarse la Historia de la Filosofía en España hasta el siglo XX, editada en Madrid en 1925-1926, en la línea de la filosofía española de la Ilustración, con influencias de Hegel y de la filosofía krausista a la que ve entroncada con su propia generación de pensadores.

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